• 2 de febrero de 2012
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«Las Vacaciones, una necesidad»

P. Thierry, hna Eleonor y miembros de la Frat. Kolbe

El tiempo de vaca­cio­nes se acerca. Un tiempo cuya pers­pec­tiva nos ayuda a sopor­tar el can­san­cio y las preo­cu­pa­cio­nes de los últi­mos meses, un tiempo que nos ha hecho soñar y que a veces nos decep­ciona, un tiempo que pasa dema­siado rápido y en el cual, para­dó­ji­ca­mente, sole­mos abu­rrir­nos.

Des­pués de meses de vida labo­riosa, todos esta­mos can­sa­dos. Can­sa­dos de correr sin parar, can­sa­dos de ver y escu­char cosas sin sen­tido, can­sa­dos de ser negli­gen­tes con lo esen­cial. Nues­tro cuerpo grita: ¡ya no puedo más! Nues­tros ojos y nues­tros oídos están can­sa­dos de los horro­res que ven y del ruido que escu­chan: ¡te­ne­mos sed de belleza! Nues­tra Inte­li­gen­cia se rebela: ¿para cuándo la refle­xión sobre nues­tros «por qué»? Nues­tro cora­zón rei­vin­dica: ¿cuándo podré amar gra­tui­ta­mente? Así, des­pués de meses de fre­nesí, nues­tro ser está en estado de espera y no se trata sola­mente de un can­san­cio del cuerpo, como cree­mos a menudo, que el sueño o el mar o el sol apa­ci­gua­rán. ¡Se trata sin dudas de una rei­vin­di­ca­ción gene­ral!

Para muchos, espe­cial­mente para aque­llos que viven en las gran­des ciu­da­des, no existe reposo que no pase por una rup­tura. Para encon­trar su lugar autén­tico, hay que ale­jarse del lugar de vida habi­tual, se debe ir “a otro lugar”, sin nece­sa­ria­mente tener que partir al otro extremo del mundo. La mirada nece­sita con­tem­plar otra cosa para des­cu­brir la rea­li­dad de otro modo, como es en verdad. Los oídos nece­si­tan silen­cio para escu­char nue­va­mente la música que existe en el cora­zón de todo ser. La memo­ria y la ima­gi­na­ción nece­si­tan el tamiz del olvido para ali­viarse de las preo­cu­pa­cio­nes vanas que agotan y que­darse así sólo con lo esen­cial. El cuerpo debe reto­mar con­cien­cia del ritmo de la natu­ra­leza para com­pren­der que todo no fue hecho en vein­ti­cua­tro horas, que hay días y noches, invierno y verano. El cora­zón nece­sita sole­dad e inti­mi­dad fami­liar para poder así ale­grarse de la amis­tad sin con­di­ción. La inte­li­gen­cia nece­sita dejar de lado cues­tio­nes urgen­tes para poder replan­te­arse las cues­tio­nes a largo plazo, eter­nas.

Todo esto mues­tra el cui­dado que se debe tener al elegir el lugar donde pasar sus vaca­cio­nes, las per­so­nas con las cuales se las pasará, el pre­su­puesto razo­na­ble que se les con­sa­grará. Final­mente, las vaca­cio­nes deben tor­nar­nos más fieles a nues­tro propio cora­zón, acer­car­nos más de Dios: la natu­ra­leza, la belleza, la amis­tad, la refle­xión, la ora­ción nos serán de gran ayuda. Sin esto, las vaca­cio­nes corren el riesgo de "disi­parse en un vano per­se­guir ilu­sio­nes de placer. Pero de esta forma el espí­ritu no des­cansa, el cora­zón no encuen­tra ni ale­gría ni paz, sino que ter­mina por estar más can­sado y triste que antes”. (Bene­dicto XVI)

Las vaca­cio­nes no son pues un tiempo para dis­per­sarse, sino para “uni­fi­carse”, no es un tiempo de ocio, sino más bien de acti­vi­dad con­tem­pla­tiva. Es un tiempo de re-crea­ción, un tiempo para re-cen­trarse, de ahon­da­miento y de con­ver­sión. Sólo en este sen­tido “las vaca­cio­nes son una nece­si­dad”: ¡de ellas puede depen­der nues­tra sal­va­ción!

P. Thierry de Roucy

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