• 16 de julio de 2010
es

Apostolado al hospital Dos de Mayo

Hna María Emmanuel

Desde hace casi dos años, vamos a visi­tar a los enfer­mos del hos­pi­tal Dos de Mayo, un hos­pi­tal público del centro de Lima, cer­cano al Punto Cora­zón de Barrios-Altos. Nues­tra pre­sen­cia se dirige par­ti­cu­lar­mente a las per­so­nas aten­di­das en el pabe­llón de enfer­me­da­des pul­mo­na­res, tales como neu­mo­nía, hongos, tubercu­lo­sis… Des­cu­bri­mos lo dolo­roso que son estas enfer­me­da­des que tocan lo impres­cin­di­ble para poder vivir, al afec­tar la res­pi­ra­ción, pro­vo­cando muchas veces una gran angus­tia. Están aten­di­dos por unos días, unas sema­nas, o varios meses si llegan en un estado crí­tico, y asis­ti­mos más de una vez a recu­pe­ra­cio­nes extra­ordi­na­rias, luego de haber vivido un ver­da­dero com­bate, tanto a nivel de la enfer­me­dad como de la espe­ranza. Aquí, el papel de los fami­lia­res es fun­da­men­tal: su inte­rés, su cer­ca­nía, sus esfuer­zos para con­se­guir los reme­dios y las cosi­tas que mejo­ran la situa­ción de su pariente. A veces care­cen de este apoyo, y la prueba se hace tre­men­da­mente dura.

Voy una vez a la semana con Hugo, un amigo laico, y el tiempo es corto para pasar un momento con cada uno de los quince a veinte hom­bres pre­sen­tes. No escon­den su agra­de­ci­miento y su asom­bro frente a esos encuen­tros sen­ci­llos, y comu­ni­can a veces algo de su sufri­miento exte­rior o inte­rior con una con­fianza que nos deja muy con­mo­vi­dos, y nos hace cons­cien­tes de ser ins­tru­men­tos bien pobres, tanto para reci­bir tal con­fianza, como para dar tes­ti­mo­nio de la ter­nura y de la mise­ri­cor­dia de Dios a los que Él tanto mira.

Reci­bi­mos cons­tan­te­mente lec­cio­nes de valen­tía y de con­fianza en Dios, y son­ri­sas en medio del dolor. Ahí, el cielo está muy cerca de la tierra.

Hna María Emmanuel

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