• 23 de diciembre de 2015
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Argentina: “Hiciste lo mejor que alguien hizo por mi hijo, gracias”

Mirya junto a los vecinos de su pasillo. Buenos Aires, 2015

Caminar nos parece tan natural pero qué pasa cuando los golpes de nuestra vida nos han nublado el panorama y no tuvimos a nadie que nos dijera que hay un porvenir para todos.
Les quiero contar sobre nuestra amistad con Maria: la veíamos pasar a menudo por nuestro pasillo, pues es amiga de una vecina nuestra. Ella tiene una personalidad muy fuerte y apariencia dura.
Un día pude charlar con ella y, como se acercaba el día de la madre, le pregunté si tenía hijos. Me comentó que tuvo tres, uno de ellos falleció cuando tenía dos años y para ella fue un trauma, la vida ya no tenía sentido para ella y ya no se sentía capaz de cuidar a nadie. Entonces, pensando en sus otros hijos, decidió que lo mejor para ellos era que estuvieran con sus hermanos; luego de se descuidó a sí misma.
En un momento de nuestra charla, rezamos juntas por su hijo fallecido y me marcó cuando me dijo: “hiciste lo mejor que alguien hizo por mi hijo, gracias”. Estaba tan feliz de rezar y vi realmente que ella buscaba un consuelo, que se encuentra sólo en Dios.
Ahora cuando encontramos a Ana, ya no vemos su ceño fruncido y mirada dura, sino que ha cambiado por un hola afectuoso y alegre. Les pido que recen por nuestra nueva amiga.

Mirya H., misionera peruana en el Punto Corazón de Buenos Aires

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