• 17 de diciembre de 2014
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Barrios Altos: mi corazón parece haber encontrado su lugar

Dolores- Barrios Altos, 2014

de Dolores C., misionera argentina en el Punto Corazón Sta. Rosa

Al llegar a la mitad de mi tiempo aquí vuelvo atrás y veo todos aquellos rostros extraños, esas calles que creía nunca reconocer, los nombres de tantos niños que me parecía imposible memorizar, la mirada de mis hermanos llena de amor que me llevaba a preguntarme si yo podría amar así. El barrio, hoy mi barrio, siempre vivo, lleno de gente, con música y fiestas casi todas las noches. Mi comunidad enseñándome todo, no sólo presentándome los amigos, sino también el funcionamiento simple de nuestra casa. Era como un pequeño que tiene que dejarse guiar y en todo aprender.

Y con todo lo nuevo, descubrir también muchos límites. Los días parecían nunca terminar, el cansancio a veces me vencía, la casa siempre parecía llena de gente, sin tiempo para descansar un momento antes que nuevamente alguien tocara a la puerta. Mi mirada me parecía tan pequeña, mi corazón me parecía tan estrecho. Y mi oración a veces sólo se volvía una petición: ¡Señor, enséñame a amar!

Hoy no puedo ver con claridad cómo fue, solo sé que poco a poco el barrio se convirtió en mi barrio, los amigos del Punto en mis amigos, la casa en mi casa. Los rostros que me parecían extraños hoy son parte de mi corazón, y esos niños tan traviesos son parte de mis días. ¡Soy tan afortunada de estar acá! Yo, que no tengo ninguna virtud en especial, fui llamada a conocer a todos estos amigos, por pura misericordia.
En este barrio, en donde ni los taxis a veces quieren entrar, yo encontré a Dios como en ningún otro lugar. ¿Y por qué acá, donde el sufrimiento se muestra abiertamente, mi alegría parece más auténtica? ¿Por qué, si a veces la miseria está a plena luz del día, mi corazón parece haber encontrado su lugar? Padre Thierry, fundador de Puntos Corazón, responde: “Él los conoce como ningún otro y sabe que lo que corresponde mejor a la sed de sus corazones: es el darse sin contar, es buscarlo noche y día, es descubrir en el rostro de sus vecinos el sentido mismo de su existencia.


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