• 23 de septiembre de 1990
es

Carta Puntos Corazón (1990)

Hay niños que ya no saben sonreír.
Hay niños que están solos en el mundo.
Hay niños que comen tierra y basura para calmar su hambre.
Hay niños que son vendidos.
Hay niños que los ricos utilizan como bien de goce.
Hay niños de diez años a quienes confían armas.
Hay niños que son torturados.

Cuando un niño es abandonado a su suerte, cuando un niño conoce tales dramas, se forma sobre nuestro planeta un punto negro, un punto de vergüenza para la humanidad entera. Más aún, cada vez que un niño es tratado así, es el cuerpo de Cristo el atacado, el herido, el desfigurado.

Para remediar esta situación, los estados toman decisiones, la O.N.U. promulga la Carta de los Derechos del Niño. Además, mil obras se han creado, civiles o religiosas que tienen por misión ir en ayuda de los niños del mundo entero. Y sin embargo, ¡las necesidades aún son inmensas! Es por ello, sin duda, que hemos recibido la intuición de crear una pequeña obra que confiamos a su oración. Una obra cuyo desarrollo esperamos, porque amamos infinitamente a los niños y sabemos que Dios habita en sus corazones, porque creemos que los niños son nuestros maestros, inocentes y vulnerables y porque Jesús nos dice: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos» (Mt. 18, 3). Una obra cuyo desarrollo esperamos porque tenemos el inmenso deseo de que la dignidad de los niños del mundo entero sea reconocida.

Queremos dar a esta obra el nombre elocuente de «Puntos Corazón».

¿Qué son los Puntos Corazón?

Los Puntos Corazón quieren ser pequeños hogares diseminados por el mundo
entero, simples refugios de amor y ternura, donde cada niño (de la calle), pueda ser recibido, escuchado, respetado, en fin, mirado con una mirada que comunique el calor ardiente del amor - «Jesús lo miró con amor» (Mc. 10, 21).

¿Dónde instalar los Puntos Corazón?

OS Puntos Corazón se instalarán en todas las diócesis cuyos obispos los soliciten o los reciban. Como lugar de fundación, se elegirá un barrio donde se encuentren los niños más infelices entre los más infelices, los más abandonados entre los más abandonados. El Punto Corazón se asemejará lo más posible a las viviendas del barrio en el que será implantado. Los Amigos de los niños -así se llamará a los que habiten los Puntos Corazón- tratarán de mejorar o arreglar lo menos posible el lugar para evitar que después de algunos años este hogar se vuelva un palacio.

Apenas llegados a la «morada de rey» concedida por la Providencia, los Amigos de los niños instalarán en ella un pequeño rincón de oración que los ayudará a dirigirse sin cesar a Dios y que, más aún, ayudará a los niños que vengan a visitarlos, a descubrir la presencia constante de Dios en su corazón.

¿Quién vivirá en los Puntos Corazón?

En un principio, los Puntos Corazón serán fundados por uno (o varios) Servidores de Jesús y de María. Más adelante, podrán ser fundados por algunos jóvenes que ya hayan vivido esta experiencia en otro lugar, por religiosos o religiosas de otras congregaciones o por sacerdotes seculares, listos a respetar enteramente el espíritu y la finalidad de la Obra.

No obstante, la mayoría de los Amigos de los niños serán jóvenes, venidos de los cuatro rincones de la tierra, que hayan recibido el llamado de dar por lo menos un año de sus vidas al servicio de los pequeños. Podrá despertarse su vocación por medio de conferencias, folletos, artículos. Estos jóvenes serán en primer lugar buscadores de Dios, dotados de una real capacidad de adaptación a una lengua, a una cultura, a costumbres diferentes de las suyas. Deberán gozar de una buena salud física y sobre todo, de un real equilibrio psicológico y afectivo. Antes de su partida, los responsables de la Obra establecerán su aptitud. Sin embargo, no se pedirá a los Amigos de los niños
competencias especiales en materia de educación, de formación, de sicología; se les pedirá más bien que se atrevan a darse sin medida y que intenten amar a esos niños como Dios los ama: - «Ámense los unos a los otros, así como yo los he amado.» (Jn. 13, 34).

Antes de partir hacia el Punto Corazón asignado, los Amigos de los niños deberán seguir una preparación espiritual, participando en fines de semana de formación que los ayuden a comprender bien el espíritu de la Obra. Podrán así, asistiendo a conferencias, leyendo obras que les serán aconsejadas, etc., empezar a comprender la realidad del país en el que se establecerán. Finalmente, será necesario que posean un buen conocimiento de la lengua del mismo, que les servirá para expresarse mejor en el lugar. Al llegar al país en el que se instalarán, serán recibidos y ayudados por aquellos que están ya establecidos en el Punto Corazón. Durante varias semanas, los «ex Amigos
de los niños» los ayudarán a tomar la posta, haciéndoles conocer el barrio,
presentándoles los niños, compartiendo sus experiencias. Esto permitirá que haya una real continuidad en la tarea cumplida por los Puntos Corazón buscando que la brusca partida de algunos no produzca una nueva herida en el corazón de los niños. Puede esperarse también que algunos jóvenes permanezcan más de catorce meses para crear mayor estabilidad en la comunidad. Además, en cada Punto Corazón se escribirá un diario, bastante detallado, cuya lectura permitirá a los recién llegados descubrir la historia de la casa, las experiencias que en ella se han intentado, las personas que han
sido recibidas, la evolución de algunos niños del barrio, etc.

¿Qué espíritu animará a los Amigos de los niños?

Los Amigos de los niños estarán animados por un real espíritu de dulzura y
humildad. No partirán como conquistadores, sino como servidores, como discípulos. Comenzarán esta aventura con la certeza de que recibirán mucho más de lo que aportarán, y darán gracias a Dios por haberlos llamado a este servicio.

He aquí algunos puntos que caracterizarán particularmente su presencia:

• Los Amigos de los niños vivirán de una fe viva, reconociendo en cada uno de
aquellos a los que se acerquen, al Señor presente «bajo las especies del niño» (padre Peyriguère); lo respetarán infinitamente, manifestándole así su dignidad de hombre y de hijo de Dios. Este respeto se manifestará bien concretamente en el vocabulario y el tono de voz utilizados para hablar a los niños o de los niños (se evitará así, por ejemplo, todo término un poco despectivo o un tanto vulgar...), escuchando lo que digan, y en los gestos por los cuales se les expresará el afecto. Ello requerirá, desde luego, que los Amigos de los niños se testimonien mutuamente un gran respeto, que sepan escucharse hasta el fin y que se manifiesten, delicadeza y mutua atención, en un espíritu de real castidad.

• Intentarán vivir en la más perfecta comunión, formando un solo corazón, otorgándose el perdón lo más rápido posible después de haberse ofendido y tan frecuentemente como sea necesario; no se criticarán jamás mutuamente, sino que se estimarán y se alentarán en el Señor.

• Se esforzarán para que su estilo de vida no engendre ningún escándalo en el corazón de los pequeños que servirán.

• Evitarán toda queja, todo espíritu de comparación con lo que han dejado, toda toma de posición política, toda crítica o todo juicio sobre las personas con las que estarán llamados a pasar el año.

• Irán hacia los niños con el corazón de Jesús, que lo llevó a ponerse de rodillas ante sus discípulos y a lavarles los pies.

• No dudarán en transmitir el Evangelio de manera explícita a los niños que
encuentren, respetando, sin embargo, sus costumbres, su educación, etc.

• Elegirán a la Virgen María como aquella que les enseñará día tras día a vivir las Bienaventuranzas y a tener actitudes, reflejos, palabras y gestos verdaderamente evangélicos, es decir portadores de la Buena Nueva.

• A pesar de los sufrimientos que encuentren y que puedan abatirlos, tratarán de acoger para ellos, y brindar a los niños, en toda circunstancia, la alegría de la esperanza.

• Sabrán celebrar las fiestas litúrgicas con dignidad y comunicar a los niños las
razones profundas de esas celebraciones; tratando asimismo de marcar, mediante una u otra señal, los acontecimientos de la vida familiar de la casa: fiestas, cumpleaños, recibimiento de un huésped, etc.

• De vez en cuando, los Amigos de los niños no dudarán en tomar uno o más días de retiro comunitario, podrán también, cuando sientan la necesidad de ello, partir en soledad para descansar o rezar más intensamente.

• Y sobre todo, los Amigos de los niños se reunirán frecuentemente en su «rincón de oración» o en la iglesia más cercana para dirigirse a Dios, dándole gracias por su bondad y su misericordia, pidiendo que les otorgue una profunda comunión -«Es por ello que reconocerán...»-, confiándole todos los niños y las miserias del mundo entero -en particular aquellas descubiertas en todos los Puntos Corazón-. Los Amigos de los niños dirán cada día juntos el rosario: la oración de los pobres y los pequeños; esta oración favorecerá una presencia particular de la Virgen María, real Fundadora de la Obra, en cada uno de estos pequeños refugios de amor. En su oración cotidiana, los Amigos de los niños contemplarán particularmente al Señor Jesús en el pesebre y en la cruz, donde, más que en ningún otro momento de su existencia terrestre, Él se muestra desarmado, pequeño y vulnerable. Día y noche, celebrarán la Liturgia de las Horas y harán todo lo que les sea posible para participar todos los días de la misa, donde recibirán la gracia de entregarse sin límite al Padre presente en cada uno de aquellos a los que son enviados. Recurrirán finalmente a la
intercesión de los Santos Inocentes, de San Vicente de Paul, de Santa Teresita del Niño Jesús, de Don Bosco, del Padre Juan Eduardo Lamy e invocarán a sus Ángeles Custodios para que los guíen y los sostengan, particularmente en las circunstancias más delicadas.

También hay que decir que cada Punto Corazón es en primer lugar una comunidad contemplativa. Pero la palabra no debe asustar. La oración hará a cada uno más generoso y «eficaz», y el Espíritu Santo, que concederá sus luces en la oración, permitirá descubrir sin tanteos, las verdaderas necesidades de los que rodean a los Amigos de los niños.

Es evidente que esta experiencia será un enorme aporte para los jóvenes que le consagren un momento de sus vidas. Ella puede conmoverlos y les permitirá sin duda, descubrir lo esencial y encarar la continuación de su existencia de manera radicalmente nueva, con objetivos distintos de aquellos que tenían anteriormente. Tomo como ejemplo lo expresado por una voluntaria de Madre Teresa en Calcuta: "Tengo la impresión de hacer un gran retiro dado que, al contacto de la pobreza más radical, uno es necesariamente llamado a cuestionarse y a interrogarse sobre el sentido que quiere dar a su
vida".

Está también la palabra de Jesús: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado.» (Mc. 9,37).

¿Qué harán los Amigos de los niños?

Para los Amigos de los niños, lo esencial no será el hacer. Hay escuelas, hospitales, orfanatos... Los Puntos Corazón no serán nada de eso. Serán sencillamente hogares, para nada especializados, en donde los niños sabrán que siempre pueden ir para ser escuchados, queridos, comprendidos. Esto no impedirá, por supuesto, que si el amor los llama a ello, los Amigos de los niños podrán en ocasiones dar de comer a los niños, cuidarlos, despertarlos a la lectura y a la escritura, ayudarlos en tal o cual trámite, recibirlos por una noche, enseñarles el catecismo y el valor de la oración. Los Puntos
Corazón serán entonces humildes complementos de las familias. Los Amigos de los niños podrán también organizar paseos para los pequeños, juegos, encuentros, en fin toda actividad puntual que los abra a otros horizontes. Ello requerirá evidentemente de los Amigos de los niños una gran flexibilidad, una constante disponibilidad y un real espíritu de creatividad.

Los Amigos de los niños actuarán en profunda comunión con el obispo de su
diócesis y con el párroco correspondiente al lugar en el cual se establecerán. Procurarán asimismo tener lazos estrechos con las distintas organizaciones dedicadas a la educación y los hospitales creados en las cercanías, a quienes podrán hacer algunos favores precisos y enviarles, ocasionalmente, a los niños susceptibles de recibir formación y cuidados. En este sentido, cada Punto Corazón se definirá también como un «puente» entre la calle y la parroquia, entre la calle y las organizaciones caritativas.

Dicho de otro modo, los Amigos de los niños tratarán de ser al mismo tiempo un corazón paterno, materno y fraterno, un corazón atento, compasivo y acogedor. Lo esencial para ellos será la calidad de su presencia y ésta será más fuerte cuanto más cerca de Dios se encuentre. En este sentido, los Amigos de los niños serán en primer lugar «adoradores en espíritu y en verdad» (Jn. 4, 23).

Por lo tanto, se intentará que los pastores que reciban los Puntos Corazón, respeten su vocación tratando de no emplear, constantemente, a los Amigos de los niños en tareas parroquiales (aún cuando las necesidades sean inmensas, cosa que por otra parte se comprende perfectamente), o para dar su ayuda en tal o cual escuela, obra u hospital... Ello desviaría a los Puntos Corazón de su real vocación y no respetaría la intuición que nos ha sido dada. Se trata de que los Amigos de los niños estén lo más posible en las calles de su barrio o en su casa, listos para recibir a quien golpee...

Deberá reconocerse un espíritu común en todos los Puntos Corazón. Sin embargo, cada uno de ellos podrá tener actividades distintas, según el lugar donde estén establecidos y la manera en que el Espíritu Santo los conduzca. Las diferentes comunidades mantendrán relaciones epistolares frecuentes, profundas, que contribuirán a formar este espíritu característico de la familia Puntos Corazón.

Una Obra de comunión eclesial

Nuestro gran deseo es que la Obra Puntos Corazón sea factor de unidad en la
Iglesia, y que esta unidad se construya alrededor del niño pobre como en otras
partes se construye alrededor del enfermo, del anciano o del discapacitado. Para este fin, deseamos vivamente que en los Puntos Corazón vivan jóvenes procedentes de distintos movimientos o miembros de comunidades religiosas o instituciones seculares diferentes. En estos tiempos, nos parece en efecto necesario que la Iglesia católica testimonie por todos los medios su deseo de comunión y que ese deseo se encarne en tiempos de vida común donde se aprenda a liberarse de los prejuicios, a conocerse, a quererse, a rezar y a trabajar juntos. Las necesidades son tantas que es preciso reagrupar
las fuerzas y no multiplicar las iniciativas.

Tenemos pues confianza en que los superiores religiosos como los obispos,
permitirán a los miembros de su comunidad y de su clero, conocer, si lo desean, la experiencia de pasar cierto tiempo al servicio de los niños pobres en un Punto Corazón. Y seguramente, lo que podrá parecer al comienzo un sacrificio para una congregación o para una diócesis, se revelará rápidamente como una inmensa fuente de gracia para estas mismas congregaciones y diócesis y para toda la Iglesia.

El funcionamiento material de la Obra

Se solicitará, si es posible, a los jóvenes que residan en los Puntos Corazón tomar a su cargo los gastos de su viaje. Si disponen de algún ingreso, podrán también encargarse de sus gastos de estadía; si no, buscarán «padrinos» que cada mes, aportarán una suma que los ayude a vivir. Asimismo, estudiantes, boy-scouts, artistas, pueden organizar actividades a beneficio de la Obra. De todos modos, las cuestiones financieras no deben impedir jamás que un joven conozca esta aventura de los Puntos Corazón y la Asociación dará siempre una ayuda a las casas que pudieran necesitarla o a un Amigo de los niños que esté en dificultades.

Por otra parte, se intentará reducir al máximo los gastos de gestión de la Obra,
recurriendo en la mayor medida posible a voluntarios para las tareas administrativas y «publicitarias», simplificando al extremo las estructuras.

Liturgia de envío

Poco antes de llegar al lugar al que están destinados, los Amigos de los niños
participarán en su país de origen de una misa de envío, en el curso de la cual:

• Los asistentes invocarán muy particularmente al Espíritu Santo para que descienda sobre cada uno de los que serán enviados.

• Los Amigos de los niños proclamarán:

  • su voluntad de ser verdaderos servidores de Dios frente a los niños que servirán y verdaderos testigos de la Iglesia católica, su Madre;
  • su voluntad de permanecer en una profunda unidad;
  • su voluntad de comprometerse a vivir durante toda su residencia en el Punto
    Corazón en un espíritu de oración, de castidad, de pobreza y de humildad;
  • su adhesión plena y entera a las perspectivas de la Obra.

• El celebrante les entregará un rosario como prueba de la importancia de la oración mariana y de la ayuda que la Virgen María concederá a cada uno de los que serán enviados. Sobre la cruz del rosario será grabado un corazón para recordar lo esencial del mensaje evangélico y la misión de cada uno de los Amigos de los niños: «Ser un corazón, todo corazón, nada más que un corazón» (Maurice ZUNDEL).

La responsabilidad en los Puntos Corazón

Al frente de cada casa, el Fundador de la Obra o el Presidente de la Asociación
nombrará un responsable, pero éste buscará tomar decisiones en forma unánime con sus compañeros. Cada Amigo de los niños podrá hacer, por turno, en el transcurso del año, la experiencia de la responsabilidad de la casa.

La Asociación Puntos Corazón

Se trata de una Asociación creada para dirigir, ayudar y hacer conocer la Obra Puntos Corazón, dado que ésta, en efecto, no está dirigida por la Congregación de los Servidores de Jesús y de María. Consta de miembros fundadores, miembros de honor, miembros activos y miembros adherentes. Existe una Asociación Civil en Francia y en la mayoría de los países donde están implantados los Puntos Corazón.

Una obra frágil como la niñez

Tengo infinita conciencia de la audacia que representa la creación de estos pequeños refugios de amor, de lo frágil que será siempre la Obra, ya que está cimentada en voluntarios y tendrá una misión delicada que cumplir en situaciones particularmente difíciles de angustia y sufrimiento. Tengo finalmente conciencia de su aparente ineficacia a los ojos del mundo y de la tentación constante que tendrán los Amigos de los niños de querer «hacer algo», crear estructuras, organizar actividades que duren.

Mientras la Obra viva fielmente a la intuición que nos ha sido dada, caminará sobre el agua y exigirá a todos sus responsables una confianza constante. ¿Pero no es ése el llamado que Jesús dirige a los hombres a lo largo del Evangelio "¡No teman! (...) El Padre que está en el cielo sabe bien lo que ustedes necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se
inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción."
(Mt. 6, 32-34)? ¿No es la condición –un abandono total- para que una obra como ésta sea realmente profética?


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