• 8 de enero de 2014
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¿Cómo hemos vivido el tiempo que Él nos dio?

El apóstol Juan define el tiempo presente de modo preciso: «Es la última hora» (1 Jn 2, 18). Esta afirmación —que se hace presente en la misa del 31 de diciembre— significa que con la venida de Dios en la historia estamos ya en los tiempos «últimos», después de los cuales el paso final será la segunda y definitiva venida de Cristo. Naturalmente, aquí se habla de la calidad del tiempo, no de la cantidad. Con Jesús vino la «plenitud» del tiempo, plenitud de significado y plenitud de salvación. Y ya no habrá otra nueva revelación, sino la manifestación plena de lo que Jesús ya ha revelado. En este sentido estamos en la «última hora»; cada momento de nuestra vida no es provisional, es definitivo, y cada una de nuestras acciones está llena de eternidad; en efecto, la respuesta que damos hoy a Dios que nos ama en Jesucristo, incide en nuestro futuro.

La visión bíblica y cristiana del tiempo y de la historia no es cíclica, sino lineal: es un camino que va hacia una realización. Un año que pasó, por lo tanto, no nos conduce a una realidad que termina sino a una realidad que se cumple, es un ulterior paso hacia la meta que está delante de nosotros: una meta de esperanza y una meta de felicidad, porque encontraremos a Dios, razón de nuestra esperanza y fuente de nuestra leticia.

Mientras llega al término el año 2013, recojamos, como en una cesta, los días, las semanas, los meses que hemos vivido, para ofrecer todo al Señor. Y preguntémonos valientemente: ¿cómo hemos vivido el tiempo que Él nos dio? ¿Lo hemos usado sobre todo para nosotros mismos, para nuestros intereses, o hemos sabido usarlo también para los demás? ¿Cuánto tiempo hemos reservado para estar con Dios, en la oración, en el silencio, en la adoración?

/.../ Concluimos el Año del Señor 2013 agradeciendo y también pidiendo perdón. Las dos cosas juntas: agradecer y pedir perdón. Agradecemos todos los beneficios que Dios nos ha dado, y, sobre todo, su paciencia y su fidelidad, que se manifiestan en la sucesión de los tiempos, pero de modo singular en la plenitud del tiempo, cuando «envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4, 4). Que la Madre de Dios, en cuyo nombre iniciaremos mañana el nuevo tramo de nuestra peregrinación terrena, nos enseñe a acoger el Dios hecho hombre, para que cada año, cada mes, cada día esté lleno de su eterno Amor. Así sea.

Papa Francisco, homilía en las 1eras Vísperas de la solemnidad de Santa María Madre de Dios, 31 de diciembre del 2013.

¡Les deseamos un feliz año 2014!

Hna María

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