• 22 de mayo de 2012
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Desayuno criollo en Guayabo

Marinera con caballo de paso, Guayabo mayo 2012

por Hna. María

Este domingo en Gua­­yabo, el sol no pare­­cía muy apre­­su­­rado en bri­­llar… se levantó un día nublado, lleno de ince­r­­ti­­du­m­­bres.
Pero con con­­fianza las coci­­ne­­ras, buenas amigas del pueblo, esta­­ban de pie desde tem­­prano para cortar, pelar, picar, freír; los mozos listos para servir té y café y platos llenos de un rico pan con chi­­cha­­rrón, cebo­­llas, camo­­tes y tama­­les; los bai­­la­­ri­­nes espe­­ra­­ban el momento de enca­n­­tar a los invi­­ta­­dos con unas mari­­ne­­ras mara­­vi­­llo­­sas, dos de la cuales eran a caba­­llo.

¡Y poco a poco lle­­ga­­ron los amigos y salió el sol! En el tran­s­­curso de la mañana y hasta las tres de la tarde vinie­­ron más de 150 per­­so­­nas para un desa­­yuno crio­­llo a bene­­fi­­cio de nue­s­­tra misión, que reunió a nue­s­­tros amigos en la pér­­gola del jardín, para sacia­r­­los de la belleza y de la calma cam­­pe­s­­tre del lugar, para tomar el desa­­yuno en este domingo de fin de verano a lo largo de toda la mañana, cha­r­­lando sin cal­­cu­­lar el tiempo, apro­­ve­­chando de la com­­pa­­ñía, dis­­fru­­tando de la gra­­tui­­dad del momento, cele­­brando la ami­s­­tad que nos une. Vinie­­ron tam­­bién unas 18 per­­so­­nas de Barrios Altos, el barrio de uno de los dos Puntos Cora­­zón de Lima.

Como un día en fami­­lia pero más aún, como una pausa en el tiempo: ¿qué es lo que puede des­­ca­n­­sar más nue­s­­tro cora­­zón que para­r­­nos un momento y abrir de nuevo los ojos sobre los que nos rodean y lo que nos rodea, y mirar todo, aso­m­­bra­­dos de su pre­­se­n­­cia? ¿Qué es lo que puede reno­­var más nue­s­­tro ímpetu y nue­s­­tro deseo de entre­­ga­r­­nos, que deja­r­­nos atraer de nuevo por la belleza y la gra­­tui­­dad de lo que existe? ¿Cómo pode­­mos ente­n­­der nue­s­­tra misión si no nos deja­­mos llamar por algo –o Alguien – fuera de noso­­tros? Ojalá que a través de estos medios tan sen­­ci­­llos – un lugar her­­moso, una rica comida, la ale­­gría de la música y la exu­l­­ta­­ción de los bai­­la­­ri­­nes – muchos hayan reci­­bido una nueva espe­­ranza, con la cer­­teza de no estar solos en el camino. Al mirar a los ojos de los que par­­tían, y ver la hora en que se acabó la fiesta, ¡puede ser que si! Así se con­­ta­­gia la misión: por una atra­c­­ción com­­pa­r­­tida.


Caballo de paso Marinera Cocineras y mozas Kari y Benito (misioneros en La Ensenada y Barrios Altos) Los invitados
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