• 20 de agosto de 2013
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¡Descubrí que el amor se puede contagiar!

Con los niños en el campamento Talim Island

por Mayte, misionera en Filipinas.

El mes de febrero, mes del amor y de la amistad, me ayudó a descubrir más acerca del amor. El 14 de febrero fecha por demás especial me vi imposibilitada de poder mandar un mensajito o una llamadita a mis amigos de Perú ya que me la pasé rodeada de miles de amigos que llegaban en una especie de interminable procesión. Este día fue por demás larguísimo que empezó a las 4 de la mañana y termino a las 10 de la noche. Mis fuerzas eran pocas y al final pude atender a todos los que vinieron a la casa pero no porque tuviera las energías o el amor suficiente, sino, el hecho de ver a mis otros compañeros atenderlos con tanto amor me daba fuerzas para continuar. Es así que descubrí que el amor se puede contagiar!

Esto lo volví a experimentar cuando estuvimos de campamento en Talim Island con 17 niños, amigos nuestros. Allí nos acogió una comunidad llamada San Damiano. Durante los 5 días pude ver como estos muchachos eran exprimidos casi de manera literal por estos niños con tanta necesidad de amor y de atención. Algunos de por si pequeños adultos, y no tienen más de 10 a 12 años, son los padres de sus hermanos o los que ayudan a proveer la comida a sus casas ya sea pidiendo dinero afuera de algún centro comercial o ayudando a sus familias en la recolección de basura para venderla

En Talim fueron solo niños que jugaron, pelearon entre ellos, hicieron las miles de travesuras, aprendieron a rezar y recordar de que tienen un Dios; pero en fin tuvieron como más de 14 padres y madres para atenderles. No sé cómo explicarlo pero el amor que nuestros pequeños amigos recibieron llenó mi corazón, estaba tan feliz de verlos felices, de cómo las personas del lugar cuidaban de ellos y de sus necesidades que incluso estuve con mucha envídia porque no soy aún capaz de dar consuelo de esa manera porque aún no puedo entrar muy profundo en el lenguaje, ver como Kuya Leo o Ate Sincha los escuchaban tratando de comprenderlos y confortarlos, impresionante!

Al regreso del campamento, este amor se siguió propagando, y es que estos niños ahora nos llevan a sus familias, nos presentan a sus padres, hermanos y demás miembros -en algunos casos solo conocíamos a los niños- nos llevan a sus casas aunque a veces son tan pequeñas e incluso algunos no tienen un espacio real al cual llamar casa, pero son tan felices de llevarnos y decir estos son mis amigos!. Recuerdo la visita a la casa de Bibo, vimos a sus padres, sus hermanos, sus sobrinos que casi son de la misma edad de él, nos recibieron con tanta alegría y así que pasamos un rato con ellos jugando; el decirles adiós fue muy triste, eran tantos rostros que nos pedían quedarnos…


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