• 21 de octubre de 2008
es

El rostro de la paciencia (continuación)

Esquivé su pregunta cómo que no hubiese escuchado. Solté su mano sin que ella me suelte a mí y me senté sin preguntarle nada más, empecé a hablar, tenía mucho por decir. Hablé casi sin respirar durante un buen rato le dije algo como esto:

Abuela Rosa, saqué el turno para el oftalmólogo, en la semana la llevamos y luego nos tocaría ir al cardiólogo ya que su presión es inestable. Tengo todas estas pastillas que tiene que tomar para su presión ocular. Nos falta una gotas que pediremos a algún asistente social de la zona o del hospital, alguien tiene que dárnosla. Tenemos que tramitar su DNI usted no lo tiene y no podemos hacer nada sin eso…
Mire abuela tápese, su asma es incontrolable de esta manera toma mucho frío, le entra aire y agua por todas parte en su rancho. Mire su rancho no tiene casi techo y la tierra y la humedad de su cama le da más asma. Vendré con alguien y lo arreglaremos también limpiaremos todo sus vasos y platos están muy sucios tiraremos todos y le conseguiremos nuevos, traeremos ropa para que se cambie y este bonita. Tal vez sería bueno conseguir una nueva silla de ruedas y por qué no poner luz eléctrica en su casa, eso sería bueno también conseguirle una radio o una tele pequeña y un colchón nuevo si eso, pensaré a quien pedirle un colchón, este está húmedo y gastado le hace doler mucho su espalda....y su garganta también le duele, me imagino necesitaríamos conseguir algún antibiótico. Seguro que le duelen sus encías, siempre le sangran trataremos de solucionarle todo abuela y su ojo abuela ¿ve algo?, ¿le late?, ¿le duele?, ¿le pica?, ¿le arde? mañana mismo trataré de conseguirle esas benditas gotas…

La abuela solo me miró, tomó nuevamente mi mano y me dijo con su vos ronca y poco entendible me dijo: do-a-rio… Sin entenderla desespere y le dije: ¡Perdón abuela no la entiendo, su remedio necesita su remedio! Señalándome lo que quería (el Rosario) me dijo clara y simplemente: Re-za-mos...

Sonrió se persignó y no me quedó otra que decir junto con ella: Padre nuestro que estás en el cielo santificado sea tu nombre...

La abuela Rosa es quien me educa con su vida, es quien me consuela, es de esos rostros que nunca olvidaré y de los cuales hasta aprovecharé durante mi misión. Ella es la santa de la paciencia esta postrada en su cama hace once años. Solo sale cuando la cargamos en su silla y la llevamos a casa. Esta sola todo el día; su esposo sale a vender jugos y regresa muy tarde por la noche. Su casita de esteras y madera es muy precaria y sus bienes son cinco pollitos, una gallina y su gran amigo el Gringo, un gato, a quien malcría como a un hijo que nunca tuvo. Espera siempre nuestra vista, Nos cuesta mucho a veces entender lo que nos quiere decir podemos estar una hora tratando de entenderla y ella en vez de enojarse, ríe a carcajadas por lo bruto que somos. Ella es la abuela Rosa la abuela de nuestro Punto Corazón, el rostro de la paciencia…
[...]

Juan Manuel

Juan Manuel con la abuela Rosa

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