• 23 de abril de 1991
es

En el jardín de infantes del amor (1991)

Pablo VI, Jueves Santo de 1973, en San Juan de Letrán, lavando los pies de un niño.
Tercera carta a los Amigos de los niños
- Abril de 1991 -

Muy que­ri­dos Amigos de los niños,

La mayo­ría de uste­des, es al ter­mi­nar sus estu­dios
que deci­die­ron partir
para la gran aven­tura Puntos Cora­zón.
Uste­des saben todo o casi todo,
como saben, con gran orgu­llo, tantos de sus amigos.
Uste­des apren­die­ron física o mate­má­ti­cas,
filo­so­fía o quí­mica, letras o medi­cina,
y sus diplo­mas acre­di­tan tanta cien­cia y razón.

Ahora bien, al llegar a sus pala­cios,
muy pronto des­cu­brie­ron que debían apren­der todo.
Lo que sucede es que se puede ser muy hábil en astro­lo­gía y en estra­te­gia
y en lo esen­cial, estar en el jardín de infan­tes.

Desa­rro­lla­mos nues­tro cere­bro,
nues­tros múscu­los, nues­tra auto­ri­dad sobre los demás.
¡In­fe­li­ces!, hemos olvi­dado desa­rro­llar nues­tro cora­zón...
Y en un ser lleno de cabeza,
de múscu­los o de sen­sua­li­dad,
pobre cora­zón,
¡está per­dido como un des­per­di­cio bien mise­ra­ble!
Lo que sucede es que, a pesar de las mil refor­mas del minis­te­rio,
no tene­mos toda­vía ni un maes­tro, ni un pro­fe­sor del cora­zón,
no reci­bi­mos lec­cio­nes, ni ins­truc­cio­nes en lo refe­rente al amor.
No nos asom­bre­mos de que haya tantos divor­cios,
de que se mate y se odie,
de que se robe y se mienta:
¡para muchos, el amor está en código Morse!
Feliz­mente, para recor­dar­les el camino de lo esen­cial,
tal vez tuvie­ron el tes­ti­mo­nio de sus fami­lias, o sus amigos
o -¿por qué no?- el ejem­plo de algún sacer­dote.

En el avión, sus cos­ti­llas esta­ban a punto de rom­perse
de tanto que se hin­cha­ban sus cora­zo­nes por el amor
que los con­du­cía a los pobres.

Pasan los días...
Su cora­zón les parece una pizca de polvo
cuya estre­chez los asusta.
Y, lle­gada la noche, tal vez en su lecho
uste­des lloran su mise­ria...

Los otros les pare­cían tan ama­bles:
¡pero ahora, no son más que la encar­na­ción de mil defec­tos!
Los niños les pare­cían tan encan­ta­do­res en las fotos:
¡pero ahora, a veces son más que pesa­dos!
Y Dios, en esta aven­tura, uste­des lo pen­sa­ban muy cerca:
¡y ahora parece estar a mil leguas!

Y en la mesa...
Dis­cu­ten y se pelean...
Se ofen­den y se moles­tan...
Se hieren y se agre­den...
Se endu­re­cen y se amar­gan...
-¡Oh!, ¡No siem­pre, por supuesto!
¡Hay noches en que la ale­gría esta­lla!-

Y a veces, durante varios días
se retraen en el silen­cio,
se encie­rran en el mal humor,
qui­sie­ran evi­tarse:
hay que habi­tarse.

"¡Ah! no entiendo nada: me sentía tan fuerte,
pero ¡con tal de que los niños no sos­pe­chen nada!..."

Y, en cier­tos momen­tos,
he aquí que sobre­viene la dese­s­pe­ranza
como una vieja hiedra que se aferra fuerte.
"¿Qué vine a hacer aquí?
¡Si supiera amar!...
¡Pero no, no tengo nada que apor­tar!
Lo único que sé es estar eno­jado...
¡No tengo nada que decir!
’La escu­cha es el primer paso del amor...’
¡Ésta es mi suerte: no soy más que un pozo de pala­bras!...
¡No tengo nada que hacer!
’El hacer es secun­da­rio...’
¿Qué hacer? Me siento hervir por estar inmó­vil.
¡Ser! ¡Es­cu­char! ¡Ado­rar!
¡Ah! ¡Si se tra­tara de hacer, de hablar, de sobre­sa­lir!"

Pero no, mis que­ri­dos chicos, ¡Se trata de AMAR!
La sopa es amarga, mañana será dulce.

Durante horas,
¿es nece­sa­rio expli­car cada pala­bra,
jus­ti­fi­car cada com­por­ta­miento,
des­con­fiar uno del otro?
¡Ah, no! He aquí lo que hace falta:
ponerse de rodi­llas todos juntos
alre­de­dor de la mesa de la cocina,
y comen­zar a rezar
como niños que ya no tienen que comer,
y excla­mar:
«¡Oh Dios mío, no sabe­mos amar­nos!»
¡He aquí un punto bien común,
para el que lo busca!

No hay duda de que esta decla­ra­ción de no-amor,
esta decla­ra­ción humilde y brutal
hace fundir al Amor...
Y muy pronto los cora­zo­nes se llenan de una dulce ale­gría,
y uno frente al otro,
sin com­pren­der ya nada de sus deba­tes ante­rio­res,
se dirán:
"¡Ah! ¡Qué tontos fuimos!
¿Era nece­sa­rio perder tanto tiempo siendo tan malos?
¿Acaso los peque­ños tienen nece­si­dad de nues­tras locu­ras?"

Lo que sucede es que LA ORACIÓN PACI­FICA LOS CORA­ZO­NES.
«¡Les dejo la paz, les doy mi paz!» (Jn. 14, 27)
"Sopló sobre ellos y les dijo:
¡La paz esté con uste­des!"
(Jn. 20, 21-22)
La ora­ción, ¿No es acaso ponerse juntos
bajo el soplo bene­fac­tor de Dios?

LA ORACIÓN ALI­MENTA LOS CORA­ZO­NES.
Se nos dice: «¿Para qué rezar?»
Yo res­pondo: «¿Para qué comer?»
Pres­cin­dir de la ora­ción,
¿no es tan sui­cida como la ano­re­xia?

LA ORACIÓN VUELVE HUMIL­DES LOS CORA­ZO­NES.
Ella los pone de rodi­llas ante el más pequeño
y he aquí que uste­des le lavan los pies.
¡Es tan her­moso el ejem­plo de Jesús!
No ceso de estar mara­vi­llado con esa escena
-con esa Cena-
que revo­lu­ciona la huma­ni­dad.

En oca­sión del jueves santo del año pasado, yo escri­bía:
"Si los sirios lava­ran los pies de los liba­ne­ses
y los liba­ne­ses de los sirios...
Si los hom­bres polí­ti­cos lava­ran los pies de sus admi­nis­tra­dos...
Si, esta noche, el Señor Mit­te­rrand lavara los pies de sus minis­tros
y los minis­tros de los secre­ta­rios de Estado
y los secre­ta­rios de Estado de los dipu­ta­dos...
Si los padres, esta noche y todos los días,
lava­ran los pies de sus hijos...
Si los pro­fe­so­res lava­ran los pies de sus alum­nos...
Si los chinos lava­ran los pies de los ame­ri­ca­nos
y los ame­ri­ca­nos de los rusos...
Si los pro­pie­ta­rios de las gran­des pro­pie­da­des bra­si­le­ñas
des­cen­die­ran a las fave­las para lavar los pies de los niños de la calle...
¡Esto evi­ta­ría las cos­to­sas reu­nio­nes de la ONU, de la FAO, de la UNESCO,
y sería mil veces más eficaz!
¡Esto haría crecer la cali­dad del amor en el mundo
y el mundo sería tanto más her­moso!«
»Y todas estas suge­ren­cias, no soy yo quien las pro­pone,
es el mismo Jesús:
’Si yo, que soy el Señor y el Maes­tro,
les he lavado los pies,
uste­des tam­bién deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado ejem­plo, para que hagan lo mismo
que yo hice con uste­des.’ ( Jn. 13, 14-15)"

"Es muy fácil decir:
’Nada puede cam­biar.
Habrá siem­pre ase­si­nos y víc­ti­mas.’
Es muy fácil resig­narse, bajar los brazos.
¡Y tam­bién es cri­mi­nal!
Hay que levan­tarse,
-lo cual para los dis­cí­pu­los de Jesús sig­ni­fica:
hay que ponerse de rodi­llas-,
hay que callarse y lavar los pies de todos,
-de nues­tro trai­dor y de nues­tro amigo -,
y des­cu­bri­re­mos lo siguiente:
des­pués que Dios lavó los pies del hombre,
des­pués que Jesús lavó los pies de Judas,
NADA PUEDE CAM­BIAR TANTO AL MUNDO
COMO UN HOMBRE QUE LAVA LOS PIES DE SU HER­MANO."

LA ORACIÓN UNI­FICA LOS CORA­ZO­NES.
Bajo el mismo techo
uste­des son negros, blan­cos o ama­ri­llos,
uste­des son inge­nie­ros o,
según lo que dicen sus pro­fe­so­res, eter­nos “in­ser­vi­bles”,
uste­des son de dere­cha o de izquierda,
son apa­sio­na­dos o fle­má­ti­cos...
¡Ah! ¡Qué her­mosa diver­si­dad
que yo sueño cada vez más grande!
Que muy pronto pudiese haber en Belén,
en el mismo pese­bre, árabes cris­tia­nos y judíos cris­tia­nos...
Y en Bombay,
en la misma casi­lla, amigos de todas las castas...
Y en Beirut...
¡La diver­si­dad, qué inmensa ven­taja para uste­des!

LA ORACIÓN SIM­PLI­FICA LOS CORA­ZO­NES.
Tú eres varón.
Detec­tas todas las causas
y des­cu­bres todas las razo­nes.
Estruc­tu­ras un Punto Cora­zón ideal
con fuerza, leyes y regla­men­tos:
¡yo no quiero otros que los del amor!

Tú eres mujer.
Te ima­gi­nas mil sobre­enten­di­dos
a través de mira­das y son­ri­sas cóm­pli­ces.
Te recar­gas fre­cuen­te­mente de celos,
crees que siem­pre se te olvida,
y eso se con­vierte en tu única preo­cu­pa­ción.
¡Ah! her­ma­nos muy que­ri­dos,
si no espe­ra­ran la solu­ción más que de Dios...
¡Ah! her­ma­nas muy que­ri­das,
si no fija­ran su mirada más que en Dios...

Así, nue­va­mente, uste­des com­pren­de­rán:
Puntos Cora­zón no es un código,
ni una estruc­tura que, per­mite a jóve­nes con la enfer­me­dad del exo­tismo,
pasar una tem­po­rada en el extran­jero.
Es un espí­ritu,
UNA VIDA DE HER­MA­NOS, MUY SIMPLE,
EN EL AMOR MUY SIMPLE A DIOS.
Puntos Cora­zón no se basa en la habi­li­dad ni en el saber hacer,
sino en la humil­dad y en la ora­ción.
No es una obra huma­ni­ta­ria,
quiere ser una obra de sal­va­ción.

Es una obra donde apren­de­mos a amar­nos,
a amar­nos día tras día,
y amar­nos HASTA EL FIN.

Es una obra en la que se reza
para que salgan a la luz las incohe­ren­cias
y se dese­n­mas­ca­ren las ambi­cio­nes y los temo­res.

Es una obra en la que se acepta
mos­trar a los demás los pies
que siem­pre se vuel­ven a ensu­ciar.
Pobres hom­bres: ¡todos esta­mos en eso!

Es una obra en la que se acepta
lavar los pies de los demás
¡po­nién­do­nos siem­pre más abajo que ellos!
Lo que sucede es que no tene­mos más que una solu­ción para ser ele­va­dos:
¡la de des­cen­der!

Que­ri­dos míos, sean pacien­tes:
¡NO SABE­MOSMO AMA­RE­MOS AL ATAR­DE­CER
CUANDO RECIÉN COMEN­ZA­MOS LA MAÑANA!...
No bajen los brazos el primer día
-¿Cuánto tiempo les costó saber escri­bir,
y hablar inglés
(y tal vez años des­pués toda­vía no pueden hacerlo)?-
Antes de ser astros de fuego,
es muy nece­sa­rio que los Puntos Cora­zón
sean humil­des refle­jos del cirio pas­cual.
¡No se inquie­ten!
Es nece­sa­rio un tiempo para fundir los cora­zo­nes.
Es nece­sa­rio el dolor.
-¡No hay amor sin sufri­miento!-
para que un Punto Cora­zo­nes se con­vierta en un Punto Cora­zón.

Pero A QUIE­NES LO QUIE­RAN VER­DA­DE­RA­MENTE
les será con­ce­dido.
Nunca se men­diga en vano el amor al Amor.
¡Es mi con­vic­ción más íntima!

PUNTOS CORAZÓN ES UNA ESCUELA DE REA­LISMO.
Allí no se sueña con el amor.
Se lo pro­clama ponién­dose en la cruz.
Se lo escribe con la sangre y el can­san­cio.
Se lo tra­duce de rodi­llas
con una palan­gana con agua y una toalla.
Y así no se sueña a quie­nes tene­mos que amar.
A ese Amigo de los niños,
hay que amarlo tal cual es;
es siem­pre su mismo len­guaje con­fuso
el que hay que escu­char,
son siem­pre sus mismos defec­tos los que hay que per­do­nar.
No pode­mos huir: ¡hui­ría­mos del Amor!

¿De qué sirve incluso pensar:
"¡Ah, si Jose­fina no estu­viera
for­ma­ría­mos la comu­ni­dad ideal,
nues­tro Punto Cora­zón sería un pequeño paraíso...
Jose­fina, es nues­tra piedra de tro­piezo,
es el obs­táculo para la comu­nión,
es el anti-tes­ti­mo­nio per­ma­nente!..."

Yo les pre­gunto:
¿No será tal vez Jose­fina la piedra angu­lar?
¿No será tal vez la suerte de la comu­ni­dad?
Jose­fina se cierra, se blo­quea y se calla,
porque se siente recha­zada
por uste­des y tal vez por todos.
Pero si tra­ta­ran de amarla
¿no se vol­ve­ría ella más fácil de amar?...
Si la escu­cha­ran hasta el final, llenos de bene­vo­len­cia,
¿no la com­pren­de­rían mejor?
¡Ah! será fácil amar
cuando te encuen­tres solo en la comu­ni­dad,
cuando hayas eli­mi­nado a todos aque­llos
cuyo rostro te parece dema­siado ale­jado del tuyo,
¡o tal vez dema­siado cer­cano!

Yo les digo:
Cuanto más alguien les parezca, a pri­mera vista, difí­cil de amar,
más pueden creer
que es el comienzo de una aven­tura esplén­dida con él.
Pode­mos optar por esca­lar la meseta de Mille­va­ches.
O pode­mos optar por esca­lar el Hima­laya.
¡Pero desde el Hima­laya la vista es tanto más her­mosa!
Cuando a su alre­de­dor tengan sola­mente a
sus amigos de largo tiempo atrás,
gente del mismo movi­miento,
seres que com­par­ten todos sus gustos
y que los hala­gan sin cesar,
uste­des se encon­tra­rán como el alpi­nista ante una sierra de pocos metros:
¡ten­drán un aspecto bien tonto!

Se los repito:
¡Qué Dios los pre­serve del orgu­llo
poniendo una Jose­fina en cada Punto Cora­zón!...
Y por otra parte, no hay duda que esta Jose­fina,
es cada uno de uste­des, uno detrás de otro.
¡Ah! cómo des­con­fío de los amores fáci­les,
de los amores cons­trui­dos dema­siado rápido!

¡QUE LA COM­PASIÓN SEA SU MISIÓN!
No digan:
«¡No es mi herida!»

¡QUE LA ESCU­CHA SEA SU PASIÓN!
No digan:
«¡Lo inte­rrum­piré! ¡Ya me ha con­tado bas­tante!»

¡QUE EL PERDÓN SEA SU CON­SUELO!
No digan:
«Mañana nos ocu­pa­re­mos de poner las cosas en claro.»
¡Tiene que ser ahora!

¡QUE LA COMUNIÓN SEA SU OBSESIÓN!
En la calle y en todas partes supli­quen:
"¡Padre, que Jose­fina y yo seamos uno
como Tú, Padre, y Él, el Verbo, son uno!"

¡No tengan otra ora­ción!
¡No tengan otra obse­sión!
«Por ese signo...»
No hay otro.

Cada mañana uste­des comen el mismo Cuerpo...
Cada noche su mirada se posa sobre la misma hostia con­sa­grada...
La Solu­ción está allí...
El Maes­tro está allí...

Yo soñaba con una escuela de amor.
He aquí que ella existe real­mente.
Y, ante el Rabbí enviado por Abba, nues­tro Padre,
como adul­tos en la escuela de la infan­cia,
henos aquí a todos en el jardín de infan­tes...

Padre Thierry de Roucy

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