• 2 de agosto de 2011
es

Estudiante y amigo del Punto Corazón

Damián

Damián es un joven francés que llegó a estudiar a Perú. Damián nos comparte su encuentro con Puntos Corazón.

Estu­diante en una escuela de comer­cio en Fran­cia, llegué a Perú en el marco de un inter­cam­bio inter­na­cio­nal. Es así que llegué a Lima en febrero para un semes­tre de estu­dios. Como muchos expa­tria­dos, me ins­talé en Mira­flo­res, barrio aco­mo­dado y desa­rro­llado, seme­jante a nume­ro­sas ciu­da­des occi­den­ta­les, lejos de lo que Perú sig­ni­fi­caba en mi ima­gi­na­ción. Con­tento al inicio de reen­con­trarme con el con­for­mismo habi­tual, me di cuenta rápido que mis seis horas de clases sema­na­les no iban a bastar para ocu­parme. Es allí que me vino el deseo de dar este tiempo a los demás y de des­cu­brir otro rostro del Perú, aquel que los turis­tas extran­je­ros no cono­cen. Gra­cias al encuen­tro con las her­ma­nas de Puntos Cora­zón, Ser­vi­do­ras de la Pre­sen­cia de Dios, conocí pronto a los volun­ta­rios de Puntos Cora­zón en los barrios de La Ense­nada y de Barrios Altos. Con el tiempo, aprendí a cono­cer a estos misio­ne­ros, la sen­ci­llez de su vida y la riqueza de sus cora­zo­nes,

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Damián en Guayabo

moti­va­dos todos por una misma sed, la de dedi­carse a los demás y de vivir a imagen de Cristo. Gra­cias a estas visi­tas sema­na­les, tejí lazos tam­bién con los habi­tan­tes, con quie­nes com­partí momen­tos fuer­tes a través de una con­ver­sa­ción, de un almuerzo o sim­ple­mente de una ora­ción. Me impre­sionó la gen­ti­leza y la bondad de la gente, a pesar de una pobreza mate­rial a veces al límite de lo que se puede ima­gi­nar. Tuve del mismo modo la suerte de com­par­tir nume­ro­sos momen­tos con los niños, quie­nes a pesar de su corta edad me dieron muchas lec­cio­nes de vida y me enri­que­cie­ron per­so­nal y espi­ri­tual­mente.
Por ello, me voy de Perú con el fuerte recuerdo de una expe­rien­cia humana de cali­dad. Quiero agra­de­cer a los jóve­nes de Puntos Cora­zón y a las Her­ma­nas por su aco­gida y las amis­ta­des que supie­ron crear.
Fra­ter­nal­mente

Damien Vigneron

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