• 19 de mayo de 2014
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Chile: « Los estaba esperando… »

P. Denis C., sacer­dote de la Fra­ter­ni­dad Molo­kai, nos com­parte su expe­rien­cia tras los incen­dios en Val­pa­raíso:

Tanta gente duerme bajo carpa, los días se ponen fríos, la lluvia ame­­naza bajo la forma de una neblina helada. Las fami­­lias se van a quedar así, en la ince­r­­ti­­du­m­­bre, sin saber cuándo lle­­gara una ayuda real de parte del gobierno y temiendo que las pocas herra­­mie­n­­tas y mate­­ria­­les que logra­­ron juntar, sean roba­­dos por algún sin­­ve­r­­güenza. Muchos tra­­ba­­ja­­ron: veci­­nos, uni­­ve­r­­si­­ta­­rios, “Techo para Chile” y miles de volu­n­­ta­­rios ayu­­da­­ron mucho a pesar de las res­­tri­c­­cio­­nes en el acceso. Con los volu­n­­ta­­rios de la comu­­ni­­dad, hemos deci­­dido con­­sa­­grar esa semana a visi­­tar a la gente del cerro La Cruz. Hemos sido impa­c­­ta­­dos por el gran dolor de la gente, pero sobre todo, por su dig­­ni­­dad en el sufri­­miento. Los que hemos enco­n­­trado nos piden de volver. Por eso inte­n­­ta­­mos no dis­­pe­r­­sa­r­­nos y volver a pasar por los luga­­res donde hici­­mos ver­­da­­de­­ros encue­n­­tros.

Alex : ¡Los estaba espe­­rando !

Des­­pués de una tarde durante la cual reco­­rri­­mos el cerro, al momento de mar­­cha­r­­nos, cruce la mirada de un hombre que nos saluda desde la cima de su pared. Nos invita a pasar en su terreno. Alex nos cuenta su vida. Nos cuenta su fru­s­­tra­­ción de haberse esfo­r­­zado tanto en las minas de Anto­­fa­­gasta, sacri­­fi­­cando su vida de fami­­lia para llegar a per­­derlo todo, tan de repente. A pesar de todo, da gra­­cias a la Pro­­vi­­de­n­­cia, pues, desde que ocu­­rrió el ince­n­­dio, pudo ace­r­­carse más a los suyos y espe­­cia­l­­mente a su hija. Luego, des­­pués de una pequeña ora­­ción en la cual se con­­tuvo para no lar­­garse a llorar nos dijo: “Hacia días que los estaba espe­­rando, gra­­cias por haber venido. No qui­­siera que se vayan con tanto peso al hombro pues van a ver a mucha gente que los nece­­sita más que yo”.

Patri­­cia : La vida es Bella.

Pasando por una que­­brada, la Que­­brada Pictón, impre­­sio­­na­­dos por la dime­n­­sión del daño, salu­­da­­mos a una pequeña fami­­lia. Nos invi­­tan a tomar un café. Patri­­cia y su marido se casa­­ron a los catorce. Se ven una fami­­lia muy unida. El marido, a pesar de su dia­­be­­tes, ya recon­s­­truyo una pequeña casa per­­mi­­tiendo a todos de tener un lugar mas digno. Con ellos esta una niña de 7 años, Pas­­cale. Esta feliz porque el fuego no logro des­­truir los cimie­n­­tos de la anti­­gua casa y porque tienen agua. Pas­­cale es la fuerza de su abuela Patri­­cia. La cala­­mi­­dad no le borro la son­­risa. Reci­­bie­­ron ayuda de parte de amigos que sie­m­­pre fueron bien reci­­bi­­dos en esta casa. Patri­­cia comenta: “re­­ci­­bi­­mos lo que hemos sem­­brado”. Nos cuenta que la her­­ma­­nita de Pas­­cale, de 5 años de edad, quedo muy cho­­cada cuando vio el estado de su barrio, de su casa. Ento­n­­ces, su abuela le dijo: “Con los veci­­nos hemos deci­­dido hace­r­­nos scouts, por eso aca­m­­pa­­mos bajo carpa!” Luego con las manos en por­­ta­­voz se puso a gritar: “¡Oye! ¡Ve­­ci­­nos! No cierto que somos scouts? ¡Vamos! ¡De­s­­tru­­ya­­mos todos nue­s­­tras casas para dormir bajo carpas!” Con la com­­pli­­ci­­dad de los veci­­nos y sus res­­pue­s­­tas entu­­sia­s­­tas, la niña cambio de rostro y no deja de soñar con escou­­tismo…

Hum­­berto : ¡Somos de hierro!

Tantos tes­­ti­­mo­­nios. Me acuerdo de Alberto y Mar­­cela, su esposa emba­­ra­­zada quien nos acoge con una son­­risa inmensa. De hecho, des­­pués del golpe que repre­­sentó para ellos la deci­­sión del alcalde de no ayudar a la fami­­lias que viven en terre­­nos ile­­ga­­les, Dios escu­­cho la ora­­ción que hici­­mos juntos y un grupo de jóve­­nes vinie­­ron a ofre­­ce­r­­les una casa. Para algu­­nos como Daniel, esta prueba alarga la leta­­nía de sufri­­mie­n­­tos acu­­mu­­la­­dos en su vida. Pero a pesar de esto, no se dejan vencer. ¡No es el momento toda­­vía! Hum­­berto, papa y abuelo joven, hablando un fra­n­­cés admi­­ra­­ble – su padre, Fra­n­­cés, había sido exi­­lado de Chile – nos dijo: “somos de hierro, no nos que­­bra­­re­­mos, no nos dobla­­re­­mos. Nin­­guna lagrima regará la tierra de nue­s­­tro terreno mie­n­­tras no hayan cuatro pare­­des y un techo para esco­n­­de­r­­las.” La rea­­li­­dad es que muchos agua­n­­tan, resi­g­­na­­dos, todas sus penas. No pueden salir. No es el momento ade­­cuado. Hay que estar firme, enfre­n­­tar las pesa­­di­­llas de la noche, recon­s­­truir. Pero el can­­sa­n­­cio pesa cada vez mas.

Seguir visi­­tando

Des­­pués de esta breve semana de misión, los volu­n­­ta­­rios de Puntos Cora­­zón deci­­die­­ron seguir visi­­tando la pobla­­ción cada semana. Ahora la gente tiene que enfre­n­­tar el invierno, la larga recon­s­­tru­c­­ción, los alu­­vio­­nes en caso de tem­­po­­ral. Sin embargo, todos dicen que tienen vida, fami­­lia y que eso es lo más impo­r­­tante… todos ter­­mi­­nan mirando al cielo, sin pala­­bras – sin falsas pala­­bras – y pare­­cen decir que Dios lo lleva todo en sus manos. Todos con­­fían que ÉL los ayu­­dara. Todos afi­r­­man tam­­bién cuan ese­n­­cial y deci­­sivo es para ellos este pequeño signo, esta pre­­se­n­­cia sen­­ci­­lla mani­­fe­s­­tada en una visita.

https://www.you­tube.com/watch?v=5Yv...

Por lo tanto, ¡Vamos! ¡A sem­­brar! Sem­­brar con la humi­l­­dad, con la sim­­pleza de una pequeña visita. Seamos habi­­ta­­dos y ani­­ma­­dos por esta frase de Alex: “Los estaba espe­­rando, ¡Hace días que estaba espe­­rando la visita de Cristo!”


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