• 21 de noviembre de 2012
es

La Gracia de cada encuentro.

por María Laura, misionera en Argentina.

Mil encuentros, mil gracias, mil gritos que nos comparten y que salen del corazón de nuestros amigos. Gritos de alegría, de satisfacción, de tristeza, de sufrimiento.
Como dice padre Thierry, el fundador de la obra, “Ningún grito está de sobra para quien lo sabe acoger, en su brutalidad, como un trampolín hacia un don de sí mismo más grande”.
La realidad del barrio es la misma. Mucha
pobreza; no hay trabajo; a veces no hay para comer; no hay con que vestir. Y me sumerjo en esto: tengo que vivir sin una tele, sin internet, sin ir al cine o ir de shopping. Pero no me cuesta tanto. No es difícil para mí haber abandonado por un tiempo estas comodidades.

Sin embargo, hay algo con lo que tengo que lidiar día a día y es más profundo en mi corazón, más difícil de llevar. Es introducirme a este trampolín del que habla padre Thierry. Y es el saber responder a este grito de mis amigos con la verdad. Donándome realmente para atender este sufrimiento, vivir la compasión, la caridad, la piedad sin desviarme, sin querer huirle, sin asustarme.

Momentos de miedo, cuando alguien me ofende, cuando un amigo me amenaza, cuando escucho tragedias, cuando escucho peleas; y me llaman a estar presente, a vivirlo con, junto a.

El grito llama, personas verdaderas con sufrimientos reales, son más intensos en sus corazones que en mi propio corazón, que humildemente trata de compartir esto.

Ser y amar, ser y amar. Este es mi don cada día. Levantarme cada mañana y tener presente esto. Y que ante todo no estoy sola, no estamos solos. Dios está aquí y siempre nos da tesoros que nos alientan y nos sostienen para seguir adelante. Aquí y para mí son los momentos de oración, momentos de gozo y es también mi comunidad. Quienes cargan conmigo, quienes me enseñan a amar más, a darse más y que comparten cada instante como testigos permanentes de mi vida y de la vida de nuestros amigos.
Pasar más tiempo en la calles es escuchar más gritos que quizás en invierno estaban más ocultos, es despertar al corazón a atender más corazones.

María Laura

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