• 17 de septiembre de 2012
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La Teología del cuerpo - retiro con padre Lorenzo Pávec

Durante su esta­día en Perú, Padre Lorenzo Pávec, res­pon­sa­ble de Puntos Cora­zón en Amé­rica del Sur, ofre­ció un retiro a los miem­bros de Puntos Cora­zón Perú.

Javier de Haro, amigo de Puntos Cora­zón nos com­parte:

¿Cómo mira­mos al otro? ¿Cómo nos mira­mos a noso­tros mismos en defi­ni­tiva? ¿Es nues­tra mirada sobre las cosas y las per­so­nas limpia y cons­ciente de su des­tino o las mira­mos como pose­sión nues­tra y con el pre­jui­cio impuesto de lo que espe­ra­mos de ellas?

El retiro cele­brado el fin de semana del 24 de agosto en el Foyer de Cha­rité en Ñaña (Lima) ha sido una agra­da­ble pro­vo­ca­ción para todos los que tuvi­mos la suerte de estar allí. La nove­dad del tema pro­puesto, la teo­lo­gía del cuerpo según los escri­tos de Juan Pablo II, era un ali­ciente más que nos hacía estar en una dis­po­si­ción dife­rente, segu­ros de que no está­ba­mos ante un retiro ordi­na­rio de temá­tica común, sino que tenía­mos que poner­nos delante de lo que escu­chá­ba­mos con todo lo que somos y tene­mos, capa­ces de cues­tio­nar aspec­tos ínti­mos y per­so­na­les sobre cómo vivi­mos la rea­li­dad, espe­cial­mente las rela­cio­nes huma­nas en todas sus ver­tien­tes (rela­cio­nes fami­lia­res, amis­tad, rela­ción de pareja, sexua­li­dad...) El Padre Lorenzo, venido desde Chile, ayudó de forma defi­ni­tiva a intro­du­cir­nos en la diná­mica de este retiro con sus expli­ca­cio­nes com­pren­si­bles y cer­te­ras.

Par­tiendo del Géne­sis, des­gra­nando los textos más anti­guos de la Biblia e inter­ca­lán­do­los con refle­xio­nes del recor­dado Beato Juan Pablo II, nos aden­tra­mos en la crea­ción del hombre y la mujer, a imagen de Dios, como cria­tu­ras bellas y com­ple­men­ta­rias, lla­ma­das a una vida plena, a la rea­li­za­ción de la vida, no sólo espi­ri­tual, como pode­mos pensar algu­nas veces, sino con el cuerpo humano como ele­mento pri­mor­dial de la crea­ción. Un cuerpo hecho y dise­ñado para cum­plir la misión a la que esta­mos lla­ma­dos, para el amor. Sólo una con­cep­ción así, una mirada así sobre nues­tro cuerpo como obra per­fecta de Dios para amar hace posi­ble que mire­mos al otro de la misma forma, con la cons­cien­cia de estar frente a un igual, con la misma nece­si­dad, la misma capa­ci­dad de amar y la misma dig­ni­dad; como a un mis­te­rio hecho por Dios y para Dios a imagen y seme­janza suya, y que así nos lleva hacia el encuen­tro con Él.

Javier de Haro

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