• 26 de febrero de 2013
es

El don de la vida nos llega y también se nos va.

Patricia y su bebé Jenifer, milagro de Dios.

por María Victoria, misionera en Chile.

Les quiero contar de una linda amiga, ella se llama Patri­cia quien nos invita a entrar a su habi­ta­ción, hace cuatro días ha nacido su pri­mera bebé, llena de una ale­gría única nos cuenta el momento que tuvo que pasar para dar a luz, se mara­vi­lla de la peque­ñez de su fruto, Jeni­fer Fer­nanda es la niña de sus ojos. Todos en casa se llenan la mirada al ver la gran­deza de Dios.
Patri­cia a los 19 años ha tenido ese lla­mado de ser mamá, en estos 9 meses he com­par­tido gus­tosa de su emba­razo. En los pri­me­ros meses estuvo en reposo abso­luto pues era ries­goso; des­pués de aquel tiempo ella comenzó a ir a la capi­lla todos los sába­dos para la misa, me sen­taba a su lado y me con­taba que todo iba bien. Con mucho orgu­llo me mos­traba su panza como crecía cada vez más. Poco a poco veía como Patri­cia se pre­pa­raba para ser mamá, se iba al hos­pi­tal para sus che­queos y eva­lua­cio­nes, tomaba cursos bási­cos que le da el estado como madre pri­me­riza. Más se acerca el tiempo, ella siente ansias de tenerla en brazos.
Y es así que llega el momento espe­rado cuando Chana (mamá de Patri­cia) y Víctor (su pareja) la acom­pa­ñan al hos­pi­tal y des­pués de dos días de lo pre­visto la bebe mira a su mamá.
Justo en ese año, mi sobrina estuvo emba­ra­zada y lo veo bien como una mani­fes­ta­ción de Dios, que El se encuen­tra en todo momento y lugar. Porque Patri­cia se hizo tan cer­cana a mí, como parte de mi fami­lia, como reflejo del amor de Dios.

Así como llega la vida hacia noso­tros, así tam­bién la vida se nos va. Una amiga duerme en el sueño de la paz. La señora Ida una mujer que trans­formó mi mirada, a no solo dejarme llevar por mis cri­te­rios sino ir hasta lo pro­fundo de mi pare­cer.
Tuvo que pade­cer por una agonía larga, desde enton­ces hemos tra­tado de ir seguido a su casa. Un día fuimos y le pre­gun­ta­mos si quería que le can­tá­ra­mos algo, ella res­pon­dió que sí. Comen­za­mos a cantar algu­nas can­cio­nes de Vio­leta Parra, unas las tara­reaba y otras las escu­chaba can­sada ya por el dolor que sopor­taba. Enton­ces dije­ron una can­ción peruana y era el primer día de Benito y juntos can­ta­mos ‘Alma, cora­zón y vida’, lo sor­pren­dente fue cuando la Sra. Ida cantó toda la can­ción, a pesar que tenía la boca seca porque no podía tomar mucho líquido, ponía el mayor esfuerzo para can­tarla juntos, su memo­ria volvía para cada letra, para el ritmo y el compás. Al final reía por el asom­bro que había cau­sado.

A menudo venía a rezar el rosa­rio a las 3pm y de vez en cuando se quedó en casa solo para jugar con los niños. Antes había pade­cido de cáncer al estó­mago y dia­be­tes. Con un tra­ta­miento pudo mejo­rar. Pero cuando regreso al hos­pi­tal le dije­ron que el cáncer regreso y que además tenía una hernia. Fue el comienzo al Cal­va­rio, todo el tiempo de su agonía ha sido dema­siado fuerte, adel­gazo increí­ble­mente a la mitad de su peso, los dolo­res eran inten­sos, perdía por momen­tos la con­cien­cia, no sopor­taba comer cosas sóli­das y se ali­men­taba con lo mínimo que su estó­mago podría aguan­tar. No había nada más que ser esa pre­sen­cia en la que los minu­tos se vuel­ven ora­ción por los miedos de una falta de fe, de un saber qué pasará en ese sueño largo, que poco a poco la señora Ida tuvo la gracia de un aban­dono y una entrega total. Les entrego padri­nos a Ida en sus ora­cio­nes para que su alma des­canse en paz.

María Victoria

Volver