• 7 de agosto de 2009
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Los futuros misioneros peruanos

LilianaLiliana tiene 24 años, es de Santa Anita (Lima) y tra­baja haciendo lici­ta­cio­nes para una empre-sa. Par­tirá de misión en setiem­bre al Punto Cora­zón de la Coroa da Lagoa, en Sal­va­dor de Bahia, Brasil.
«Quiero salir de misión con Puntos Cora­zón porque estoy ena­mo­rada de Dios, porque la vida es el mejor regalo que él nos ha dado, porque nos enseña a amar en las cosas más peque­ñas y más sen­ci­llas. Yo quiero apren­der más de Él.»

LindsayLind­say tiene 34, es de Iqui­tos y es pro­fe­sora de idio­mas. Par­tirá de misión en setiem­bre al Punto Cora­zón del Vale das Pedrinhas, en Sal­va­dor de Bahia, Brasil.
«Yo quiero ir con Puntos Cora­zón porque estoy, desde hace tiempo, en una bús­queda de Dios de una forma más con­creta. He par­ti­ci­pado de muchas formas al ser­vi­cio de los demás, y espe­cial­mente de los niños pero el carisma de Puntos Cora­zón me atrapó. Me fas­cinó el hecho de tener a Cristo Euca­ris­tía en la casa de los Amigos de los niños ya que Él es el que nos da la fuerza para seguir. Final­mente, me cap­turó el hecho de tener una pre­sen­cia tan humilde y sen­ci­lla, que es final­mente lo que invo­lu­cra el ser, sin tanta pro­pa­ganda ni cosas lla­ma­ti­vas, siguiendo el modelo de la Virgen María que para mí es EL modelo de un ver­da­dero cris­tiano.»

AldoAldo tiene 29, es de Pueblo Libre (Lima) y es inge­niero. Par­tirá de misión en enero al Punto Cora­zón de Gua­ya­quil, Ecua­dor.
«Quiero salir de misión con Puntos Cora­zón porque siento el lla­mado de Dios a ir más allá del mero vivir para apren­der a Amar y a Vivir.»

MayraMayra tiene 20, es tam­bién de Pueblo Libre y es estu­diante en danzas fol­kló­ri­cas. Par­tirá de misión en febrero al Punto Cora­zón del Vale das Pedrinhas, en Sal­va­dor de Bahia, Brasil, donde se encon­trará con Lind­say.

IngridIngrid tiene 24, es de Huan­cayo y es odon­tó­loga. Toda­vía no tiene des­tino pero está dis­po­ni­ble para salir de misión en mayo.

Lilliana, Lind­say, Aldo, Mayra e Ingrid nece­si­tan ahora padri­nos espi­ri­tua­les y eco­nó­mi­cos para apoyar su misión. En nombre de todos los niños y la gente que van a servir, ¡gra­cias por su gene­ro­si­dad!


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