• 16 de enero de 2013
es

Mi nueva tierra.

Aracelli junto a los niños haciendo las posadas.

por Aracelli, misionera en Honduras.

Llegué a Honduras – Tegucigalpa el 23 de Noviembre al mediodía. Mientras volaba empezaba a tener una idea de la geografía del país “Se veía todo tan verde y atractivo a los ojos”. A esto se sumaban emociones que iban mezclándose en mí. Pues, no solo había llegado el día. Sino, que estaba a minutos de pisar “Mi nueva tierra”, mi mirada se fijaba en la ventana y en mi rosario. Sí! Este maravilloso rosario adquirió un significado especial a partir de ese momento. Como diría Santa Teresita del Niño Jesús “Hay cosas que siente el corazón y que ni la palabra ni el pensamiento pueden expresar “.

Poco a poco, empecé a conocer La Colonia donde vivo y a los que son mis nuevos amigos. Fue, algo totalmente nuevo para mí el que me presentaran con los vecinos y en la misa de la Iglesia. Descubrí, que aquí hay mucha pobreza, violencia y cuantiosas víctimas de la criminalidad que se presentan hace muchos años a diario. Sin embargo, esto se contrasta con las bellas personas que he conocido dentro de mi Colonia y fuera de ella. Personas, que parecieran conocerte hace mucho tiempo

El Padre José y yo visitamos a un vecino del Punto, Don Francisco de 87 años que padece de diabetes, por eso no puede movilizarse solo. Debido a ello, el padre le llevó la comunión a su casa. Al ingresar en la casa fui impactada por un gran abrazo y un “Te estábamos esperando hace mucho”. En ese momento no podía esperar nada más. Solo agradecer a Dios, por permitirme experimentar esto. Pues, pude ser testigo de que a pesar de sus dolencias Don Francisco posee una fe inquebrantable y vive muy agradecido con Dios, sin cuestionar sus dificultades de salud.

Para terminar, quiero compartir con ustedes algo muy bello y característico aquí en Honduras. Se llaman las Posadas y se empiezan a realizar aproximadamente una semana antes del 25 de diciembre. Consiste en ir con un grupo de niños (para esto hay dos niños que son vestidos como José y María) y con mis hermanos de comunidad cantando villancicos. Vamos a determinadas casas, llevándole al niño Jesús. Una vez que estamos dentro de las casas cantamos los villancicos, leemos el evangelio y oramos una decena del rosario.


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