• 4 de mayo de 2013
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Mis amigos del barrio ahora me envían a Lima para seguir mi misión.

Mayra con los amigos del barrio en su misa de acción de gracias.

por María Victoria, misionera en Chile.

“El sen­tido cris­tiano de la vida es por amor a Dios pasar por la vida haciendo el bien, amando a Dios en sus pró­ji­mos, ya que todos los man­da­mien­tos se encie­rran en dos; y podría­mos decir que los dos en uno... amar a Dios en el pró­jimo. Esto supone una visión de eter­ni­dad en la vida... pasar por aquí mirando allá... con los ojos en lo alto, sin pegarse al polvo...”

San Alberto Hurtado

Amigos, esta será la última carta que les escribo, ahora desde Lima ya que hace unas sema­nas que llegue. Sí padri­nos, ter­minó el periodo de misión y no obs­tante quiero com­par­tir­les sobre el mes de la des­pe­dida, además del encuen­tro tan espe­cial que he tenido en la cárcel con las muje­res de Chile.

Ahora les puedo decir que encon­tré más de lo que pude ima­gi­nar. Vine con un deseo de poder amar al otro de manera real, sin jui­cios, sin con­di­cio­nes, sin más­ca­ras, sin cosa que me impi­diera hacerlo. Su Gracia me dio a cono­cer a Tere­sita, Don Tito, Emita, a la Señora Elba y a más. Ellos son maes­tros de la con­fianza a Dios, que se aban­do­nan a su mise­ri­cor­dia y, espe­ran en EL que lo puede todo. Es por esta mise­ri­cor­dia de Dios que he sido lle­vada hasta el día de hoy para com­par­tir­les lo que el amor tan grande del Padre nos per­mite des­cu­brir a través de un amigo.

Al final de la misión decía que no solo se trató de vivir de una expe­rien­cia porque siento que de alguna manera esa pala­bra limita, sino que me con­duce a algo más pro­fundo que me invita y los invita a uste­des tam­bién al encuen­tro ver­da­dero de Dios en el pró­jimo. Se trata de una forma de vida a la cual todos esta­mos lla­ma­dos, en un aban­dono total a Dios. Cuesta entrar de manera real, pero hay un medio muy efec­tivo que nos ayuda: la ora­ción.

Quiero comen­zar hablán­do­les de las chicas en la cárcel. La pri­mera vez que iba a la cárcel, no sabía cómo sería este encuen­tro, no podía pensar, ni ima­gi­nar que suce­de­ría. Y entré al sector de las muje­res el cual está divi­dido por 4 módu­los: el de impu­ta­das (aque­llas que no tienen con­dena), el de buenas con­duc­tas, el de malas con­duc­tas y el de madres y cas­ti­ga­das (se con­si­dera un mismo módulo pero están sepa­ra­das).

Noso­tras fuimos a este último módulo, donde están las cas­ti­ga­das y encon­tré a una mujer que se inte­resó por mi cuando escu­chó que era peruana, recuerdo bien su nombre, Clau­dia, ese primer día com­par­tió mucho con­migo porque tenía un hijo en Perú, ella hablo mucho de su sufri­miento. Siem­pre te sor­prende cuando alguien cuenta mucho de sí aún sin cono­cerla. Ella fue el inicio a una aper­tura de nuevas amis­ta­des, tan bellas y tan gratas. En los pri­me­ros meses íbamos siem­pre a ver a las mamás con su guagua (bebé), a ellas solo le per­mi­ten tener a sus gua­guas hasta el año y luego se lo puede llevar un fami­liar. Así cono­ci­mos desde los pri­me­ros meses a Amanda, bebé de Bet­sabé, y a Thomas, bebé de María José. Ellas siem­pre nos aco­gie­ron y com­par­tie­ron con noso­tras la ale­gría y la tris­teza que se hace hallarse ahí.

En el módulo de buenas con­duc­tas está Vicky. Una mujer que busca ani­marse, a veces, con ideas falsas con tal de guar­dar la espe­ranza. Era difí­cil cuando la encon­trá­ba­mos tan triste. El abrazo tan fuerte que nos daba se hacia un signo de nece­si­dad incom­pa­ra­ble, ello esca­paba a noso­tras, solo podía­mos pre­sen­tarla en las ora­cio­nes al Señor. El día que me iba, entre lágri­mas dijo algo, que guardo con ale­gría: ‘De las pocas cosas buenas que hay aquí es la visita de uste­des’.

El mes de enero ha sido un mes dado a la des­pe­dida, muchos encuen­tros ale­gres por el cual solo estoy agra­de­cida por el amor refle­jado en las pala­bras de los amigos. Lo pude vivir en calma y sabiendo que todo lo reci­bido era un ¡gra­cias Señor!

En la misa de acción de gra­cias por la des­pe­dida, Padre Denis quien es el visi­ta­dor del Punto Cora­zón, hizo en la homi­lía una bella com­pa­ra­ción con la lec­tura del evan­ge­lio de San Lucas cuando el Señor llama a Simon Pedro, me agradó mucho cuando dijo que los amigos de Por­ve­nir Bajo eran ahora los que me envia­ban a Lima para seguir con la misión.

Mis her­ma­nos de comu­ni­dad me can­ta­ron una can­ción de por si llevo gra­bada en la memo­ria. Le agra­dezco a Dios de dame la ale­gría de haber vivido con ellos este tiempo.

Mis que­ri­dos padri­nos y amigos les agra­dezco todo el apoyo que me dieron, uste­des han hecho posi­ble esta misión y soy feliz de haberlo com­par­tido con uste­des, es por ello que quiero ir a su encuen­tro en sus casas, en su tra­bajo, donde sea para lle­var­les de propia voz y con fotos de la bondad de Dios en los más pobres.


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