• 30 de abril de 2009
es

«Nadie te ama como Yo»

Lesly y la abuelita Nelly.

Lesly volvió a Perú en marzo des­pues de catorce meses de misión en Gua­ya­quil, Ecua­dor. Algu­nas sema­nas des­pues de su lle­gada echa una mirada de gra­ti­tud hacia sus amigos y su expe­rien­cia en Ecua­dor.

Que­ri­dos Padri­nos y que­rida Fami­lia, hace ya tres sema­nas que volví, y en este tiempo estuve pen­sando en todo el tiempo que El señor me regaló en Ecua­dor, cada encuen­tro, cada rostro, cada expe­rien­cia vivida, y que me mues­tra cuán pre­sente está en medio de noso­tros y como se vale del hombre para demos­trár­noslo, veo que todo esto me ha ense­ñado a tener otra mirada sobre la vida, una mirada que abraza todo!, Que te dice, como la can­ción de Martín Val­verde «Nadie te ama como Yo».
Hay expe­rien­cias que me lo han demos­trado evi­den­te­mente, y que quiero com­par­tir con uste­des:
En el apos­to­lado del Hogar de La Paz, de las Misio­ne­ras de la Cari­dad, de Madre Teresa de Cal­cuta: en este hogar viven los abue­li­tos, que son ayu­da­dos y cui­da­dos por las her­ma­ni­tas. Así como noso­tros hay algu­nos volun­ta­rios, pero siem­pre faltan manos. Les voy a hablar de Nelly y Don Enri­que, quie­nes desde su situa­ción me demos­tra­ron como con el sufri­miento, acom­pa­ñado de la espe­ranza, de saberse amados, se vive en paz.

Nelly, es una abue­lita que siem­pre estaba pen­diente de estar bien arre­gla­dita, maqui­llada y bien pei­nada; ella ayu­daba a las Her­ma­nas en lo que podía pero hace como 4 meses se cayó mien­tras volvía a su cuarto y se frac­turó la rodi­lla, por lo que estuvo en cama mucho tiempo. Noso­tros nos man­tu­vi­mos cerca, luego la cam­bia­ron de habi­ta­ción y no se nos per­mi­tía ingre­sar porque pri­mero debían curarla; así que debía­mos espe­rar que la saquen en silla de ruedas, tra­tá­ba­mos de estar más cerca de ella, porque fácil­mente se depri­mía, y nos tur­ná­ba­mos para darle de comer y ayu­darla a seguir tan arre­gla­dita como a ella le gus­taba, y así estaba con­tenta. Un día pre­gunté a una de las her­ma­nas si podía ayudar a curarla, así me per­mi­tió ingre­sar a las habi­ta­cio­nes y me indicó como debía hacerlo, mien­tras la curaba veía cuan­tas heri­das tenía en su cuerpo, en sus pies, y tra­taba de curarla con mucho cui­dado, cuando ter­miné ella se puso a llorar y yo me dis­culpé pen­sando que la había las­ti­mado, y ella me dijo que llo­raba de agra­de­ci­miento por curarla y que Dios me pague. Yo le dije que Dios ya me pagó deján­dome cono­cerla. «Exis­ten cosas que no pueden ser vistas con los ojos. Tienes que verlas con el cora­zón, y eso a veces es difí­cil…» [1] […]


Notas

[1in «El Delfín» de Sergio Bambareén.

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