• 30 de junio de 2014
es

Abrazar el sufrimiento con amor y alegría.

Francisco e Hilda

por Mercedes, desde Cuba.

Durante este tiempo de misión en Cuba, he podido aprender más sobre esta palabra “sufrimiento”. Nadie quiere mostrar su dolor, todos lo disfrazan, lo esconden, no quieren hablar sobre sus dolores, sus cruces. Me doy cuenta que en el fondo de los corazones quieren encontrar un verdadero amigo para confiárselo, para gritarlo, para vomitar todo el dolor, tener un hombro para llorar, unos brazos para ser consolados, unos oídos para ser escuchados, un amigo que con su presencia basada en Dios pueda darle la esperanza de vivir y abrazar el sufrimiento y la cruz con amor y alegría.

Pero, ¡qué locura lo que escribo al final! Abrazar el sufrimiento con amor y alegría. Me di cuenta que muchos de nuestros amigos sufren por sentirse solos y abandonados con su dolor, y veo que otros abrazan con amor y esperanza esta cruz.

Me preguntaba cuál es la diferencia en estas situaciones y entendí que quien realmente es obediente y confía en la voluntad y los designios de nuestro Padre del Cielo, puede abrazar su sufrimiento con amor, alegría y esperanza, confiando que Él nos mostrará algo más grande, más bello y verdadero.
Yo no pude entender bien esto hasta hace algunos meses cuando pude sentir en carne propia mi propio sufrimiento, mi cruz. Me di cuenta que cuando uno ama, el dolor del otro puede ser mismo el tuyo, un dolor tan grande como el del otro.

Este es un gran ejemplo para mí de comprender que todos tenemos sufrimientos y cada uno a su medida, Dios nos educa y nos prepara a vivir con este estado; él nos enseñó llevando el sufrimiento más grande (el pecado de todos: tuyo, mío, el de nuestros hermanos, sólo por amor) y nos enseña que sólo con él nosotros podemos vivir en la plenitud a pesar de todas nuestras dificultades, a vivir la vida con alegría con una mirada llena y plena abrazando toda nuestra realidad con amor.

Podría mencionar a cada uno de mis amigos Cubanos y sus sufrimientos, sólo tomaré la historia de Francisco de 75 años e Hilda de 73, esposos desde hace 48 años.
Hace unos días fuimos como de costumbre de visita a su casa, Magdalena, Clara y yo. Mas esta vez llegamos en un momento donde Francisco necesitaba hablar con alguien, Hilda salía a comprar unas galletas, Clara la acompañó y quedamos con Francisco, Magdalena y yo. Durante una hora él pudo desahogar su corazón confesándonos todos sus sufrimientos, recordando la muerte de su hija hace ya 25 años en un accidente aéreo. La ausencia de su hijo que vive en el extranjero con su esposa e hijos y que desde hace 9 años no ve. La enfermedad de Hilda que cada día pierde su memoria (demencia senil).
Es una gran soledad que Francisco pasa sin tener familia cerca que lo acompañe. Tenemos la gracia de haberlos conocido desde que llegamos a este barrio. Ellos vienen a nuestra casa todos los viernes a las 15 horas para rezar el rosario juntos.

Les quiero compartir aquí una foto de lo que me trajo tanta alegría hace 1 mes: la visita de Mariella, Roxanna y Armando mis amigos, mis padrinos.

Queridos amigos, me sigo confiando en su oración. Un abrazo grande, rezo por ustedes.


Hna. Eleonor, Roxanna, Armando, Mariella y Mercedes.
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