• 28 de mayo de 2014
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Nuestro amigo Kuya Victor

Kuya y Remi-Manila, 2014

por Mayte, misio­nera peruana en Fili­pi­nas

Cono­ci­mos a Kuya Victor, un hombre de más o menos 60 años, en verano del año pasado cerca del puente, donde viven otros amigos como Ate Anabel; jus­ta­mente, fue ella quien nos intro­dujo al Kuya hacién­do­nos saber que estaba muy enfermo.
Él tenía TBC en un grado avan­zado y además un pro­blema en los riño­nes por lo que rete­nía agua en su cuerpo y sus pier­nas esta­ban muy hin­cha­das.

El Kuya cami­naba con difi­cul­tad por lo que le era impo­si­ble saltar la cerca para poder entrar en la pequeña casita que com­par­tía con su hijo; así que le arma­ron una espe­cie de cama en la vereda y le pusie­ron unos plás­ti­cos para cubrirlo de la lluvia y el sol.
Tan pronto como nos lo pre­sen­ta­ron empe­za­mos a visi­tarlo y a saber de su fami­lia. El Kuya tenía 2 hijos, uno estaba en pro­vin­cia y el otro fue puesto en la cárcel; y su esposa al pare­cer había falle­cido muchos años atrás, es decir, estaba solo. Los veci­nos tra­ta­ron de ayu­darlo en la medida de sus posi­bi­li­da­des y así se tur­na­ban para darle de comer, pro­veerle de agua e incluso algu­nas veces asearlo.

Su salud fue empeo­rando al punto que no podía pararse más de su cama, se puso mucho más flaco, estaba más débil. Así que pro­pu­si­mos al Kuya lle­varlo a las Misio­ne­ras de la Cari­dad; su res­puesta fue muy simple “sí, por favor no me dejen morir en la calle”.
Su admi­sión no era sen­ci­lla ya que al tener TBC había una gran posi­bi­li­dad de con­ta­gio a los demás pacien­tes. El curar su TBC tam­poco era sen­ci­llo y es que la medi­cina para TBC agra­vaba el pro­blema en los riño­nes.

Estu­vi­mos pen­sando en las posi­bi­li­da­des para ayu­darlo y la verdad es que un mila­gro era nece­sa­rio. Des­pués de una semana el mila­gro vino a la puerta de nues­tra casa. Lo recuerdo muy bien, fue un lunes en la mañana, dos her­ma­nas Misio­ne­ras de la Cari­dad vinie­ron a nues­tra casa para pedir­nos que hicié­ra­mos todos los pape­les en la muni­ci­pa­li­dad para hacer la admi­sión del Kuya lo más pronto posi­ble a su casa, pues ya no era nece­sa­rio lle­varlo al hos­pi­tal porque sería admi­tido de todas mane­ras.
Los pape­les los tuvi­mos listos en 2 días y un amigo nues­tro aceptó lle­varlo en su carro. En el camino el Kuya se puso peor, como que empezó a perder el cono­ci­miento, cuando lo baja­mos del carro y lo pusi­mos dentro de la casa de las Her­ma­nas empezó a ago­ni­zar...

De alguna manera siento que su par­tida fue pre­pa­rada por el Señor y es que nor­mal­mente los lunes no esta­mos en casa por ser el día de des­canso; los pape­les se hicie­ron muy rápido y así el Kuya, según la pro­mesa que le hizo Remi, murió bajo un techo, en un hogar. Incluso no estaba solo, casi toda nues­tra comu­ni­dad estuvo allí, las her­ma­nas y los pacien­tes tam­bién. Todos está­ba­mos alre­de­dor de él. ¡De lo que estoy segura es que el amor estuvo pre­sente!


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