• 23 de septiembre de 1996
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Puntos Corazón no es una solución... es un pequeño signo (1996)

Ola, niña kazaka amiga del Punto Corazón de Kazajstán
Misa de envío, Noyon, el 14 de septiembre de 1996

Hace apenas seis años, tenía delante de mí algunos jóvenes, un poco asustados pero llenos de coraje, que se alistaban como ustedes a irse para un Punto Corazón. Unos se iban a Argentina, los otros a Brasil. Iban a cruzar como precursores los límites de dos barrios desfavorecidos que la gente de la ciudad no se animaba a pasar.

Hoy en día, las cosas han cambiado. Este año, son más o menos cincuenta jóvenes que dejarán Francia para ir a animar unos veinte Puntos Corazón. Y desde varios otros países todavía unos Amigos de los niños partirán para alcanzar a sus comunidades. Y en nuestros ficheros, tenemos el nombre de miles de padrinos y amigos..., y en varios países existen asociaciones locales de sostén..., y decenas de artículos en los diarios han sido escritos sobre la Obra en veinte idiomas más o menos..., y unos obispos nos solicitan..., y hemos recibido unos premios..., y además, viviendo la compasión de manera radical, decenas de jóvenes vieron su vida dar vuelta. Todo eso me alegra. Hace seis años, nunca hubiese imaginado semejante desarrollo de la Obra, jamás hubiese creído que fuera a ser conocida tan rápido, y por muchos apreciada. Jamás hubiese pensado en el impulso que dio a mi propia congregación e imaginado las múltiples amistades que nos ofreció en el mundo entero. Hoy sólo puedo dar gracias por la extensión que Dios dio a la Obra, toda su fecundidad, todo el bien que los Puntos Corazón han hecho para los niños de nuestros barrios, pero también para los Amigos de los niños, para sus padrinos y familias.

Una Obra tan frágil y tan joven...

Y sin embargo, muchas veces estoy preocupado, tengo miedo: esta extensión rápida, esta relativa popularidad puede ser un terrible peligro. Podríamos terminar pensando que Puntos Corazón es algo, que Puntos Corazón, como me lo dicen a veces, es «un asunto que marcha bien». Podríamos olvidar que para nosotros marchar bien es caminar sobre el agua. Se podría perder de vista que Puntos Corazón avanza sobre un hilo que pasa entre dos abismos. Y más que todo, podríamos olvidar que quien da su verdadera fecundidad a la Obra es Dios y que los Amigos de los niños, como los que conducen la obra, no son nada, o por lo menos poquita cosa.

Las debilidades de Puntos Corazón son múltiples. Esto debido a la fragilidad de los Amigos de los niños quienes son jóvenes, sin experiencia, que están lejos de ser formados como soñaríamos que lo sean, muchas veces son reemplazados, hacen múltiples tonterías, hablan mal el idioma de la gente que frecuentan, se cansan a veces de su misión y cierran demasiado la puerta de su casa, tienen una salud más o menos buena... Y cuantitativamente, son un puñado tan chico como lo eran los discípulos en el tiempo de Cristo; en cada lugar, los Amigos de los niños están en número muy insuficiente para responder a las múltiples necesidades que encuentran. En cuanto al fundador y los que lo rodean en el gobierno de la Obra, sus medios son más limitados todavía. Muchas veces están cansados, faltan en animar o reprender como convendría a los Amigos de los niños, no se animan tal vez a enfrentarse con los problemas más graves, son a veces demasiado cobardes y a veces demasiado audaces, no se ponen suficientemente a la escucha de los gritos del niño, pensando conocerlo ya, no rezan suficiente y pierden tiempo en ocupaciones de segundo orden. Tienen una confianza limitada y faltan a la comunión entre ellos... En cuanto a los medios de acción de la Obra, no están asegurados: no se recibe una renta, no tenemos garantía de tener cada año un número mínimo de Amigos de los niños. Y para terminar, la seguridad de los Amigos de los niños no es tan segura. Ninguno de ellos tiene un guarda espaldas, a no ser que se considere así el ángel de la guarda. Y nuestros barrios son en mayoría bastante peligrosos: la policía misma tiene miedo de entrar en ellos.

A esta descripción de nuestra miseria, se podría añadir -si se lo imaginan- páginas y páginas. Sin embargo, de qué serviría sino en argumentar esta proposición cuya evidencia ya sobresale. La Obra es muy chiquita, infinitamente frágil, vive únicamente de su confianza en Dios. Y si se admira, sólo se puede admirar en ella la bondad de Dios y el sostén de la Virgen María. El resto es tan poquito.

En otros términos, la Obra no puede pretender ser una solución a los problemas tan graves de la infancia, del sufrimiento, de la desesperanza. No es un remedio a la desesperanza mundial. Es poco eficaz. ¿Qué es entonces? Un signo, un pequeño signo. Y los Amigos de los niños no pueden tener la pretensión de cumplir correctamente su misión, de ser personajes importantes aún si su nombre figura en los diarios, de ser héroes. ¿Qué son ellos? Como su fundador, pecadores que tratan todos los días de responder a los llamados de Dios y de vivir más su fe, su esperanza y su caridad.

Puntos Corazón, signo del poder de Dios en la fragilidad del hombre

La Obra Puntos Corazón es tan frágil... pero, sin duda, su fragilidad atrae a Dios... Cuando en el Cielo el Señor se reúne con sus ministros, nos lo imaginamos decir: «Los pobres Amigos de los niños, son tan chiquitos, son tan vulnerables en sus barrios, son tan incapaces de amar en verdad y de dar frutos que hay que ayudarlos. No se les puede dejar solos...»

Y Dios actúa: ayuda a los jóvenes a aprender el idioma; multiplica las actividades de cada uno; a las miradas de los Amigos de los niños, a sus palabras, les hace dar un fruto que los sobrepasa -basta por ejemplo, que una Amiga de los niños diga a una mamá joven que tiene el deseo secreto de abortar: «Voy a rezar por el chiquito que lleva en su vientre», para que esta mamá tome conciencia de golpe de la vida que está en ella y se niegue en ir al hospital-; basta con que otra Amiga de los niños mire con amabilidad a una persona de la calle y la salude para que esta descubra de vuelta la belleza de la vida y renuncie a suicidarse, etc.

La única cosa que podría molestar a Dios en su generosidad hacia nosotros, es el orgullo, es creer que nosotros mismos podemos hacer algo, que podemos satisfacer las necesidades de nuestros amigos. La única catástrofe que podría ocurrir a la Obra, es una actitud de autosuficiencia de sus miembros. Lo que significa también que la única oración que conviene para que la Obra permanezca como es y que crezca todavía -¡numerosos países la esperan!-, y más que todo para que dé fruto, es la oración para pedir la humildad. Es también en esta condición que Puntos Corazón permanecerá como un signo: el signo de que «Dios enaltece a los humildes y derriba del trono a los poderosos, colma de bienes a los hambrientos y a los ricos los despide vacíos». Es en esta única condición que Puntos Corazón permanecerá siendo la Obra de María y que Dios se comportará hacia ella como se comportó hacia la Virgen María, su humilde servidora.

Puntos Corazón, signo del amor de Dios que se inclina

La Obra Puntos Corazón es el signo que Dios se glorifica en la debilidad de pobres seres humanos, es también el signo que Dios se alegra en medio de los hijos de los hombres. Cuando un Punto Corazón se instala en un barrio, cuando los Amigos de los niños entran en la casa de nuestros amigos, me parece que cada vez es el misterio de la encarnación que se prolonga. ¡Y el misterio de la Visitación! El Señor se estremece en el corazón de los que lo llevan. ¡La Visitación es realmente un misterio de alegría para Dios! ¡Y Navidad más todavía: Dios con nosotros! ¡Dios con los hombres! Imagínense la alegría de Dios... Dios que se revela cercano, Dios que dice a los pobres: «¡No teman! ¡Tengo misericordia de ustedes! ¡A mí los ladrones no me dan miedo, ni los mentirosos, ni los violentos, todos tienen su lugar en mi Casa, no están fuera de mi corazón! ¡Atrévanse únicamente a cruzar mi mirada como Pedro después del canto del gallo y que entren!»

Puntos Corazón es el signo de que Dios no se retiró de la vida de los hombres, que tiene la última palabra sobre el pecado, que Él no teme nada de la desesperanza de la humanidad, que verdaderamente es Él quien lava los pies de los pequeños y que purifica sus corazones. Puntos Corazón es simplemente el signo de que Dios ama a los hombres, que tiene predilección por los que están rechazados por los hombres, que lleva el nombre de cada uno grabado en la palma de sus manos. Es porque los vecinos de los Amigos de los niños cuentan a sus ojos, que estos descubren que cuentan a los ojos de Dios. Es aquí, en fin, una enorme responsabilidad para cada uno de los que son enviados. Es, en fin, su única responsabilidad, Amigos de los niños: dejar el Corazón de Dios aparecer a través de su corazón. Si se reconoce que Puntos Corazón es una obra de evangelización, aquí está el único medio que usa: amar. Amar con las manos desnudas. Amar hasta el fin. Amar con plena confianza.

Puntos Corazón, signo de la verdadera fecundidad

Estamos invadidos por las cifras, por las cuentas, por los papeles, por la publicidad. Estamos agredidos por lo que se ve, por lo que se grita, por lo que hace ruido. Estamos impresionados por lo que cuesta, por lo que brilla. Según semejantes criterios, Puntos Corazón no es nada. Por lo menos eso espero. Lo que Dios ama, es lo que está escondido, lo que es pequeño, lo que no hace ruido. Es difícil creerlo: todo nos dice lo contrario afuera.

La fecundidad no es la eficacia. La calidad no es la cantidad. Por medio de su insignificante apariencia, Puntos Corazón quiere testimoniar esta realidad que desafía la lógica común, pero alcanza el presentimiento de verdad de muchos corazones.

Habiendo dicho esto, llegamos a este paradoja. En la misma medida que la Obra Puntos Corazón se considere como «polvillo», como el vástago de todas las ONG, de todas las obras sociales y de todas las asociaciones caritativas, puede ser que sea mucho. Pero permanecerá mucho únicamente si sigue convencida de no ser nada. En la medida que los Amigos de los niños sabrán, por haberlo experimentado muchas veces dolorosamente, que no pueden por así decirlo cambiar nada en ellos mismos y alrededor de él, se volverán todopoderosos. «Harán milagros más grandes todavía.» En la medida en que seremos mudos, impotentes, como un cordero que se lleva al matadero, seremos elocuentes y fecundos.

Durante la ceremonia del bautismo, el sacerdote, haciendo la unción con el Santo Crisma, dice: «Dios todopoderoso (...) los unge con el crisma de la salvación para que incorporados a su pueblo y permaneciendo unidos en Cristo, sacerdote, profeta y rey vivan eternamente.» Comprometiéndose en la Obra, se vuelven, de una manera muy especial, asociados a la misión de Cristo, sacerdote, profeta y rey. No entran en un business asociativo, entran en una Obra de salvación, una Obra de redención en compañía de todos aquellos que, ya, han respondido sí al «¿Quires?» del Único Amigo de los niños. La nueva alianza que por su compromiso están sellando con Cristo los vuelve sacerdotes -en la medida en que su principal misión es entregarse al Padre para juntar todos sus hijos dispersos-, los vuelve profetas -en la medida en que sus vidas tienen que gritar a Jesús para todos-, hace de ustedes reyes -en la medida en que experimentan en su corazón o en su cuerpo el rebajamiento de los servidores-. Dicho de otra manera, este compromiso, por más temporal que sea, profundiza su compromiso bautismal, los ayuda a cumplir su destino de discípulos de Cristo.

¡Que María, esposa del Espíritu Santo y Madre de Compasión, los conserve en este camino de felicidad del cual ella misma nunca se alejó!

Padre Thierry de Roucy

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