• 23 de marzo de 2005
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Puntos Corazón y las matemáticas (2005)

El Padre Thierry de Roucy en una conferencia en la universidad de Stanford, USA
Editorial de Padre Thierry de Roucy - De un Punto Corazón al otro Nº 50

Una noche, dos amigos de Don Gius­sani, que enton­ces tenía tan sólo die­ci­séis años, vinie­ron a su encuen­tro para pre­gun­tarle: «Escu­cha, si Cristo es todo, ¿qué tiene que ver con las mate­má­ti­cas?» Y don Gius­sani comen­tará tiempo des­pués: «En mi vida, todo partió de esta cues­tión. (...) Esta pre­gunta hizo con­ver­ger en una ini­cia­tiva orgá­nica todo (pen­sa­mien­tos, sen­ti­mien­tos, acción) lo que mi vida sería capaz de dar des­pués. (...) Nues­tra fe reposa sobre esta pre­gunta y a ésta está sus­pen­dida».

Me gus­ta­ría cam­biar la pre­gunta hecha por Man­fre­dini y De Ponti al fun­da­dor de Comu­nión y Libe­ra­ción y pre­gun­tar: - «Escu­chen, ¿qué tiene que ver el carisma de Puntos Cora­zón con las mate­má­ti­cas?» Y exten­derla diciendo: «¿Qué tiene que ver el carisma de Puntos Cora­zón con la polí­tica? ¿con la cien­cia? ¿con el arte? ¿con la filo­so­fía?». ¿En qué la expe­rien­cia que hemos comen­zado – hace ya quince años- en los barrios más dolo­ro­sos de las gran­des ciu­da­des mira la vida humana en su tota­li­dad? ¿Ten­drá una pala­bra que la aclare? ¿Ten­drá una riqueza que apor­tar en los luga­res donde ésta parece excluida?

Hace cinco años, cuando cele­brá­ba­mos los diez años de la Obra, con­sa­gra­mos todo un número de la revista «De un Punto Cora­zón al otro» para pre­sen­tar la Obra en su con­junto -su his­to­ria, su espi­ri­tua­li­dad, sus rea­li­za­cio­nes-. Hoy, para el número cin­cuenta de nues­tra revista, les pro­po­ne­mos una nueva des­crip­ción pano­rá­mica de la Obra, no porque la ante­rior se haya aca­bado, sino porque la Obra, como todo ser viviente, ha cre­cido y tiene una con­cien­cia más pro­funda de sí misma. Esta con­cien­cia más pro­funda de la que damos tes­ti­mo­nio, yo la tra­du­ci­ría por la pala­bra «cató­lica». Es decir que Puntos Cora­zón no se define como obra social o cari­ta­tiva, sino como una semi­lla, como un carisma que lleva en sí una reno­va­ción y un sen­tido lla­ma­dos a trans­for­mar desde el inte­rior toda la rea­li­dad humana. De esto que­re­mos humil­de­mente tes­ti­mo­niar en las pági­nas que siguen, siendo cons­cien­tes de que las refle­xio­nes que hace­mos y las rea­li­za­cio­nes que des­cri­bi­mos están toda­vía en estado de esbozo y pare­cen una ínfima gota de agua entre la can­ti­dad de esfuer­zos per­pe­tra­dos uni­ver­sal­mente para cons­truir un mundo más humano.

Ser cató­lico, como crecer, ¡no es nada simple! Obliga a dejar sus ropas viejas, a acep­tar perder los con­cep­tos en los cuales comen­zá­ba­mos a nave­gar fácil­mente para entrar en nuevas pers­pec­ti­vas, pare­ci­das y a la vez dife­ren­tes de las pers­pec­ti­vas ori­gi­na­les. Como miem­bros que somos -obli­ga­dos a expan­dir la inte­li­gen­cia y el cora­zón-, nos duele tener que des­ple­gar nuevas ener­gías e ima­gi­nar cosas nuevas para res­pon­der a los lla­ma­dos cada vez más nume­ro­sos que se hacen escu­char. Es nece­sa­rio ir más lejos, no bajar los brazos, reto­mar de nuevo, sin embargo es esto lo que hace la aven­tura apa­sio­nante…

Desde el comienzo de la Obra, la amis­tad -gra­tuita, mise­ri­cor­diosa, «que va hasta el final» - ha sido siem­pre el método por el cual hemos pene­trado el mundo de los slums y abierto a la per­sona de Jesu­cristo. Cuanto más la Obra se desa­rro­lla, más expe­ri­men­ta­mos que este método es uni­ver­sal. Recien­te­mente una amiga cana­diense me decía: «Si quie­ren tener una cierta influen­cia en la ONU, hay que comen­zar por res­pe­tar y amar pro­fun­da­mente la gente que tra­baja allí, hay que tener pasión por sus exis­ten­cias. Com­pren­der a aque­llos que llegan a New York o a Gine­bra para repre­sen­tar a sus países sin sus fami­lias, con poco dinero, sin muchos medios... Hay que escu­char sus preo­cu­pa­cio­nes, ayu­dar­los...» Esta obser­va­ción me pare­ció infi­ni­ta­mente justa y válida en un sen­tido uni­ver­sal. Es la amis­tad –mejor aco­gida en tiem­pos de dolor- quien abre la puerta por la cual Jesu­cristo puede infil­trarse. Y es nece­sa­rio que desem­pe­ñe­mos la tarea de por­te­ros ya que es urgente que Cristo pene­tre el mundo de la Bolsa, el mundo del arte, el mundo de la bio­lo­gía y de la psi­co­lo­gía que, sin Él, se vacían de todo sen­tido y con­du­cen a la deses­pe­ra­ción a aque­llos que allí tra­ba­jan y que de ello depen­den.

Hay aquí abajo muchos desier­tos escon­di­dos...
Hay aquí abajo muchos Gól­go­tas que se igno­ran...
Los más gran­des slums de la tierra no están allí donde uno piensa...
Nos toca a noso­tros ir a bus­car­los...

Padre Thierry de Roucy

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