• 19 de mayo de 2014
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San Juan XXIII y San Juan Pablo II : llenos de esperanza y de gozo inefable.

San Juan Pablo II y San Juan XXIII

En estos dos hom­bres con­tem­pla­ti­vos de las llagas de Cristo y tes­ti­gos de su mise­ri­cor­dia había «una espe­ranza viva», junto a un «gozo ine­fa­ble y radiante» (1 P 1,3.8). Ésta es la espe­ranza y el gozo que los dos papas santos reci­bie­ron como un don del Señor resu­ci­tado, y que a su vez dieron abun­dan­te­mente al Pueblo de Dios, reci­biendo de él un reco­no­ci­miento eterno.

En la con­vo­ca­to­ria del Con­ci­lio, San Juan XXIII demos­tró una deli­cada doci­li­dad al Espí­ritu Santo, se dejó con­du­cir y fue para la Igle­sia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran ser­vi­cio a la Igle­sia; fue el Papa de la doci­li­dad al Espí­ritu.

En este ser­vi­cio al Pueblo de Dios, San Juan Pablo II fue el Papa de la fami­lia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gus­tado ser recor­dado, como el Papa de la fami­lia. Me gusta subra­yarlo ahora que esta­mos viviendo un camino sino­dal sobre la fami­lia y con las fami­lias, un camino que él, desde el Cielo, cier­ta­mente acom­paña y sos­tiene.

Homi­­lía del Papa Fra­n­­cisco en la misa de cano­­ni­­za­­ción de San Juan XXIII y San Juan Pablo II, 27 de abril de 2014.


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