• 30 de noviembre de 2011
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Testimonio de Hugo en Brasil, Noviembre 2011

Hugo junto a João: haciendo pan

En Agosto del 2011, Hugo partió de misión a la Fazenda Do Natal en Brasil. Des­pués de dos meses nos com­parte su expe­rien­cia:

Qué ale­gría poder acer­carme a uste­des. El tiempo pasa rápido y estos dos meses me pare­cen un sueño, y me pre­gunto ¿por­qué Dios me regaló el don de vivir aquí?

Desde que llegué hay muchas per­so­nas y muchos acon­te­ci­mien­tos que hemos vivido y que han lla­mado mi aten­ción, pero entre todas las per­so­nas que se acer­can a la Fazenda, aquel que me ha lla­mado más la aten­ción es Luiz Anto­nio, un joven de 33 años, él junto a su her­mano fueron los pri­me­ros niños que se acer­ca­ron para cono­cer la Fazenda cuando esta se ini­ciaba en 1992. Su mamá los aban­donó siendo peque­ños junto a los otros her­ma­nos que vivían con el papá.

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Luiz Antonio, en la Fazenda


Luiz Anto­nio es alguien muy espe­cial, tiene un pequeño retraso físico y mental, pero me impre­siona mucho la capa­ci­dad que tiene para cantar, y tam­bién un gran sen­tido del silen­cio y la ora­ción.

Lo vi por pri­mera vez en el lugar donde toda la comu­ni­dad almuerza cada día.
Luiz Anto­nio a pesar de no vivir con noso­tros camina cada día casi una hora para llegar hasta la Fazenda desde el pueblo donde vive para com­par­tir sea la mañana o la tarde con noso­tros. Nos ayuda en los peque­ños tra­ba­jos que puede rea­li­zar: llevar algu­nas cosas de un lugar a otro, cortar el césped o tra­ba­jar con los árbo­les que tienen ramas secas.
Cuando comienzo a tra­ba­jar y me ve decide ayu­darme y me pide la herra­mienta que tengo en la mano para tra­ba­jar. Apro­ve­cho enton­ces para tra­ba­jar con otra cosa en otro lugar: pero llega Luiz Anto­nio para pedirme que le de esa misma herra­mienta para tra­ba­jar, y así cada vez.

En esos momen­tos apro­ve­cha­mos para hablar un poco o lo escu­cho cantar las can­cio­nes que siem­pre son román­ti­cas o de su equipo de futbol pre­fe­rido: Vic­to­ria.

Una de las tareas dia­rias que me fue con­fiada es de bañar a Luiz Anto­nio.
Es toda una expe­rien­cia, porque la pri­mera impre­sión que tengo cuando le digo que es la hora de la ducha es que tiene ganas de esca­parse.
Pero para el bien de él, como el de todos noso­tros es impor­tante este momento, por eso apro­ve­cho para que lo viva bien, y que des­pués sienta que lo que hizo lo ayuda a ser más digno, a estar más pre­pa­rado para uno de los acon­te­ci­mien­tos más impor­tante para él que es la Misa.
Así que con agua, jabón y afei­tado fue el mona­gui­llo de la Misa del 15 de sep­tiem­bre, día que fes­te­ja­mos la patrona de Puntos Cora­zón: Nues­tra Señora de la Com­pa­sión.

Entre los gran­des amigos de Luiz Anto­nio esta her­mana Miriam, que en algu­nos meses lle­gará a casa de las ser­vi­do­ras de la Pre­sen­cia de Dios en Gua­yabo, Pacha­ca­mac.
Cada día trae para ella un pequeño regalo que es sím­bolo de amis­tad y cariño.
Son peque­ñas cosas: flores, semi­llas y algu­nas veces galle­tas.
Un día en que traía una de estas últi­mas, vio que la her­mana había salido por algu­nos días, así que me vio y me las entregó diciendo: “es para ti, por ser un buen amigo”. A pesar de que me recalcó que no las había traído para mí, sino que eran para la her­mana Miriam.

Quiero agra­de­cer­les su apoyo y sus ora­cio­nes, ellas son muy impor­tan­tes para mí, como para todos aque­llos que viven con noso­tros o que visi­ta­mos.

Abra­zos a cada uno

Hugo

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