• 17 de septiembre de 2010
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Testimonio de Ingrid en Argentina, septiembre 2010

Ingrid con Palito

El 24 de Junio del 2010 Ingrid partió de misión al Punto Cora­zón de Buenos Aires, Argen­tina. Des­pués de dos meses nos com­parte su expe­rien­cia:

Quiero con­tar­les de una visita que hice con Nana, mi her­mana de comu­ni­dad que es muy alegre y me ayuda mucho. Un día yendo a visi­tar a una fami­lia del barrio, vi a un señor tirado en el piso y me asusté un poco, pero Nana se acercó y lo saludó con mucho cariño y fami­lia­ri­dad; así que me lo pre­sentó y me pre­guntó si quería que lo acom­pa­ñe­mos a su casa. A este señor le dicen Palito y es nues­tro vecino, así que reco­gi­mos su bolsa donde recoge bote­llas y car­to­nes de la basura y lo acom­pa­ña­mos a su casa. Palito es un vie­jito alcohó­lico y esta vez se cayó y ya no pudo levan­tarse. Cuando lo deja­mos en su casa, con mucha ver­güenza, le pre­gunté a Nana si estas per­so­nas se iban al cielo, porque en ese momento real­mente me preo­cupó Palito, y Nana muy feliz me dijo: «¡claro que sí!, Palito es un hombre muy bueno, ha dado su casa a nues­tra vecina Gladys y a sus seis hijos cuando no tenían donde vivir. Ahora vive con ellos como si fuera el abuelo.»

Casi todos los días veo a Palito y siem­pre le pre­gunto ¿cómo está?, él me dice: «Muy bien gra­cias a Dios y a la Virgen», y me ben­dice. Hace unos días nos contó que él siem­pre reza y que agra­dece mucho a Dios y a la Virgen por todo lo que tiene. Palito es muy gra­cioso, cuando encuen­tra en la basura algo en buen estado nos lo regala para que noso­tros se lo demos a alguien que lo nece­site. Hace poco, nos llevó algo de ropa y unas sal­chi­chas en buen estado que encon­tró en la basura de un super­mer­cado, para dár­se­las a Rebekka (mi her­mana de comu­ni­dad ale­mana a quien le gustan las sal­chi­chas). A mí me alegra verlo siem­pre feliz y agra­de­cido con Dios y la Virgen, a pesar de que nor­mal­mente para noso­tros alguien así no es alguien que pueda ser feliz. Ahora me alegra mucho poder salu­darlo con mucho cariño, cuando lo veo por la calle.

En estos días he cono­cido per­so­nas lin­dí­si­mas, que admiro mucho, y muchas cosas que he vivido me han pare­cido lin­dí­si­mas, pero se me hace difí­cil poder expre­sar­las con pala­bras. He reci­bido muchos gestos de amor, abra­zos de los niños, gra­cias sin­ce­ras y en rea­li­dad en estos días no hice nada en espe­cial, nada mara­vi­lloso. Al con­tra­rio, cada día me doy cuenta de que no sé cómo ayudar, muchas veces no sé qué decir, ni siquiera sé los juegos que juegan los niños aquí, pero he apren­dido mucho de ellos, a pesar de que me duele mucho ver el sufri­miento de estas per­so­nas, ver como tan chi­qui­tos empie­zan a dro­garse, y como los niños crecen sin amor. Siento que ellos son los que hacen mucho por mí, valoro muchí­simo el haber cre­cido tan que­rida y cui­dada por mis padres y her­ma­nos y tener una fami­lia lin­dí­sima y el que Dios ponga en mi camino a per­so­nas tan buenas como uste­des que me ayudan mucho.

Ingrid

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