• 9 de febrero de 2010
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Testimonio de Lindsay en Brasil

Lindsay

Lind­say llegó a Brasil el 21 de noviem­bre. Nos manda noti­cias des­pués de dos meses en su nuevo barrio, el «Vale das Pedrinhas»:

El “Vale”, es un barrio con mucho sufri­miento. Hay sufri­miento desde el más pequeño hasta el mayor, muchos de los niños no son más niños. A veces tengo la impre­sión de que no los conozco toda­vía. Digo esto, porque un día esta­mos bien, hay una buena rela­ción de amis­tad, de diá­logo, de juego. Pero al otro día, su com­por­ta­miento es total­mente dife­rente: no me salu­dan, no quie­ren hablar con­migo y mucho menos quie­ren jugar. Esto me pro­duce tal dolor, que me hace pensar que la per­se­ve­ran­cia en la Fe y en la ora­ción, es la mejor medi­cina para esto. Real­mente es difí­cil y duro sentir esto y me hace afir­mar una vez más, que con mis pro­pias fuer­zas no con­se­guiré nada. [...]

Una de las frases que siem­pre escu­cha­mos es, “vuel­van siem­pre”... Esa frase que retumba en nues­tros oídos y nues­tros cora­zo­nes dicién­do­nos: “tengo sed”, esa sed de amor, de aten­ción, de paz y ale­gría que muchos de estos niños no tienen. Muchas veces, hemos encon­trado ros­tros tris­tes y aba­ti­dos durante nues­tras visi­tas a nues­tros amigos, ros­tros que cam­bian sor­pren­den­te­mente des­pués del rezo del Santo Rosa­rio. Son ros­tros de espe­ranza y ale­gría por el momento com­par­tido con ellos, y siem­pre el tiempo es poco en cada una de ellas. Nues­tros amigos nos piden más, siem­pre más tiempo con ellos.

Lindsay

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