• 25 de mayo de 2012
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Testimonio de María Victoria en Chile, Mayo 2012

Punto Corazón Chile

A tres meses de su llegada, María Victoria nos comparte la experiencia de su misión en el Punto Corazón de Valparaiso - Chile:

Ya hace más de dos meses que me encuen­tro en tie­rras chi­le­nas y es una enorme gracia vivir estos momen­tos, en las cuales Dios se sirve de situa­cio­nes de dolor, de llanto y muchas ale­grías para mos­trar­nos de su eterno Amor.

Solo ser esa pre­sen­cia, esa com­pa­ñía, siento que basta. Cada vez que lla­ma­mos en la casa de un amigo, esa entrada que nos hacen vivir hasta su cora­zón, me llena de una dicha, de un “Gra­cias Señor por haberme lla­mado a estar ahí”.

Es aquí que voy des­cu­briendo el sen­tido de aque­llas pala­bras cuando Jesús decía “Nadie tiene amor más grande que él que da su vida por sus amigos” (Jn 15.13). ¿Cómo expli­car todo ello? Siento que hay que apren­der a amar y es que es en el Amor donde Dios está. Le he pedido me mues­tre su rostro y es verdad que nos escu­cha y con com­pa­sión me da a cono­cer a estas per­so­nas.

Hay tantos amigos que qui­siera pre­sen­tar­les, pero se ago­ta­rían por tanto leer, que voy a con­tar­les de dos de ellos que marcan este comienzo de misión, y tam­bién quiero con­tar­les de una situa­ción con unos niños.
Vla­di­mir es un amigo muy sim­pá­tico, que la pri­mera vez que lo vi me saludo con los brazos abier­tos lleno de una ale­gría aco­ge­dora única, es un hombre que busca entre­gar su vida a Dios par­ti­ci­pando en las reu­nio­nes de la capi­lla y yendo a misa; pero cuando llega a la sole­dad de su cuarto, llega la angus­tia, llega la ten­ta­ción, llega el alcohol y la droga.

Una vez me contó todas las drogas que había fumado y que fuma, me sor­pren­dió en un primer momento esa con­cien­cia que tenía y esta con­fianza que me daba, le
decía que le pusiera fuerza para con­te­nerse y él mirán­dome me decía que era fácil decirlo con pala­bras, que él lucha, pero que la droga lo ata y lo envuelve; me di
cuenta enton­ces que el silen­cio puesto en la ora­ción haría que él encuen­tre la for­ta­leza.

Dos sema­nas desde Semana Santa no se apa­re­ció por la capi­lla. Yo era triste porque ello sig­ni­fi­ca­ría que había deca­ído aun mas fuerte, recuerdo que lo vimos un sábado, con un rostro serio, sin afei­tarse, apenas nos saludo, no era Vla­di­mir.
Sólo en la ora­ción sería nues­tro con­fiar de cada día.
Al sábado siguiente, toca­ron la puerta, ¡Oh Vladi!, con ese entu­siasmo que lo carac­te­riza vino a con­ver­sar, nos contó todo lo que le estaba pasando, la sin razón de tra­ba­jar para gas­tarlo en el vicio, que le afecta cuando los demás notan su cambio y es por ello que ha deci­dido ya no tra­ba­jar, que va entre­gar su tiempo para servir a Dios en la capi­lla. Además nos dijo que noso­tros somos su Fuerza y por ello quería com­par­tir esa gran noti­cia.
Esta Amis­tad con Vla­di­mir me es muy impor­tante, un joven que lucha, que cae pero que se levanta por la espe­ranza puesta en Dios, es ver a Jesús que Resu­cita en él.

Una amiga muy espe­cial es la Señora “Te­re­sita”, es una mujer muy agra­da­ble, tiene 63 años y con una voz muy par­ti­cu­lar nos cuenta como coci­nar las comi­das más ricas de Chile, dice que siem­pre hay que apren­der de todo así no nos guste, que eso nos hace crecer, me gusta como nos cuenta de sus expe­rien­cias de cuando era chica.
Tere­sita sufre de dos enfer­me­da­des artro­sis y artri­tis, además tiene una infec­ción en la uña del pie que le hace una ten­sión cons­tante de dolor cada vez que alguien o algo le toca. Por estos males ella está pos­trada en su cama desde hace 7 años. A pesar de todo ello Tere­sita vive en la espe­ranza, la tran­qui­li­dad y la humil­dad refle­ja­das en su rostro.
Cada sábado vamos a su casa para bañarla. Al comienzo cuando no la cono­cía la idea de saber que hay que bañar a una per­sona mayor ya me era difí­cil y cuando estuve ahí viendo como lo hacían Miriam y Manon me asom­braba como lo podían hacer con tanta deli­ca­deza y amor. Poco a poco se ha dado la gracia de ver el sen­tido de entrega tan gra­tuita que por el amor impulsa al cora­zón a querer decir Sí. Es en Tere­sita que aprendo a amar. El Señor se mues­tra en ella, en ese dolor y ale­gría que tiene su mirada.
Tere­sita vive con Don Jaime su marido, un hombre mayor que ella, que la ayuda hasta donde pueden sus fuer­zas, y tam­bién vive en la casa Jaime su hijo, que
cuando niño sufrió un acci­dente, lo atro­pe­lla­ron, y quedo con un retrazo mental que no le per­mite hablar con cla­ri­dad. Jaime hijo nor­mal­mente está todo el día en la oscu­ri­dad de su habi­ta­ción. Cuando a veces lo salu­da­mos, tiene una mirada tan fuerte que da miedo no por el hecho de que sea agre­sivo sino porque no sabe­mos como reac­cio­nara ya que para solo en su habi­ta­ción.
Un día estaba tan feliz por acep­tar la pro­puesta de ir con noso­tras hasta el Punto Cora­zón que queda a dos cua­dras. Claro, no fue fácil con­ven­cerlo, tuvi­mos que insis­tir bas­tante para que pudiera con­fiar y salir de la puerta de su casa. El día estaba tan bonito con un sol abra­sa­dor, Jaime se dete­nía cada cinco pasos para obser­var las casas, los colo­res, admi­rado miraba las plan­tas y los ani­ma­les que pasa­ban a su cos­tado, en cada momento nos pre­gun­taba ¿Cuánto falta?, lle­gando a la casa al comienzo no quería ni entrar pero luego se sentó a la mesa y toma­mos una man­za­ni­lla.
Me pre­gun­taba: si me hubiera que­dado en el miedo, si no le hubiera insis­tido en salir, sino hubiera ido mas allá, no hubiera cono­cido lo valioso de esta per­sona que tiene cora­zón de niño, que nece­sita com­par­tir, que quiere cono­cer, en una pala­bra ver a un “hom­bre” que quiere vivir.
Es una ale­gría cono­cer a esta fami­lia y poder estar com­par­tiendo con ellos esta amis­tad que es un don de Dios.

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Mayra junto a Alexander y Génesis

Con­tán­do­les más, un día tres niños entra­ron en la amplia­ción de la casa y como niños que son, que­riendo jugar, pin­ta­ron las pare­des con una pin­tura acrí­lica verde
y tira­ron un aceite espe­cial que servía para el techo del cuarto, además hicie­ron un hueco. Cier­ta­mente nos cau­sa­ron daños que son repa­ra­bles, aunque nos toma­ría más tiempo y dinero para arre­glar, por ello tuvi­mos que poner­les un cas­tigo, ya que entra­ron sin per­miso y no dije­ron la verdad cuando una vecina les pre­guntó. El domingo de Resu­rrec­ción Ale­xan­der (4 años) y Géne­sis (6 años) nos vieron en la calle y vinie­ron corriendo diciendo “tíos”, con una mirada de ver­güenza y con voz de arre­pen­ti­miento: Géne­sis nos pedía perdón por lo que habían hecho y tan gene­ro­sa­mente nos rega­la­ban a cada uno de los tíos, hue­vi­tos de Pascua. Como es que una niña te mues­tra lo impor­tante del perdón, de reco­no­cerlo y de acep­tarlo cuando se equi­voca, este pequeño gesto pero grande a la vez, me
enseña a saber que el perdón es una deci­sión y que más pronto lo dices es mejor.
“Por eso les digo: todo cuanto pidan en la ora­ción, crean que ya lo han reci­bido y lo obten­drán” (Mc11:24) Con esta cita me des­pido que­ri­dos padri­nos. Rezo por uste­des, que el Señor quien Resu­citó les ben­diga y les dé la fuerza cada mañana. Que El nos enseñe cada vez a amar a los que están a nues­tro alre­de­dor.
Y María nues­tra Madre inter­ceda por sus nece­si­da­des. ¡Feliz día a todas las mamás! En este mes y en todos los meses.

¡Mu­chas Ben­di­cio­nes!

M. Victoria

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