• 19 de junio de 2010
es

Testimonio de Mayra en Brasil

Mayra con unos de sus nuevos amigos en la Bahía

Des­pués de varias sema­nas de espera ansiosa de su visa, Mayra llegó por fin al Punto Cora­zón de la Coroa da Logoa en Sal­va­dor da Bahía, Brasil a fin de marzo de 2010. En mayo, nos man­daba una pri­mera carta con­tando su nueva vida en la Bahía:

Como ya sabrán por las noti­cias a comien­zos de Abril hubo una fuerte lluvia que afecto gran parte de Brasil y la Bahía no se quedo atrás, fueron casi tres sema­nas de lluvia todos los días y a toda hora acom­pa­ñada por el inin­fal­ta­ble calor. Para mí la pri­mera semana fue lindo ver una lluvia tan fuerte cada vez que llovía me ponía feliz hasta salía a la calle a mojarme, pero la segunda semana ya no era tan lindo al escu­char a nues­tros amigos lamen­tarse del mal estado de sus casas, con miedo por los true­nos y rayos que eran muy fuer­tes, era muy triste hablar con ellos y ver a Doña Ana desa­ni­mada, ayudar a Ninha en su mudanza for­zada porque su casa estaba a punto de derrum­barse, y así muchas his­to­rias, gra­cias a Dios la lluvia fuerte ya ceso ahora sólo tene­mos de vez en cuando un poco de agua para refres­car el día.

Otro sín­drome que da vuel­tas por el barrio es el sín­drome de la apa­rien­cia. Me di cuenta que aquí la mayo­ría de las per­so­nas escon­den su rea­li­dad en la fiesta, la cer­veza, la cachaça, etc. En una mirada muy super­fi­cial se puede per­ci­bir una comu­ni­dad llena de ale­gría y diver­sión cons­tante, y lo único pro­fundo en todo aque­llo es una sole­dad pro­funda llena de tris­teza y mucha con­fu­sión, como sucede con Doña María. Ella vive cerca de nues­tra casa, es una señora muy amable y alegre que hace bor­da­dos en paños muy lindos. Un día nos con­fesó que tenía un fuerte pro­blema con el alcohol, debido a la gran sole­dad que tiene por las noches, su única com­pa­ñía era la cer­veza y nos comen­taba su gran difi­cul­tad para dejarlo. Fueron muchas veces nos comentó las ganas que tenia para dejar ese vicio que la hacía gastar dinero que nece­si­taba para hacerse lentes nuevos, hasta que llegó el día que nos dijo: «¡Tíos! (aquí nos llaman»tíos«, yo ahora soy»tía Mayra«!) ¡Hace una semana que no cojo una bote­lla de cer­veza!» Fue una gran ale­gría porque ella tenía ya otro gesto, ya era otra per­sona dife­rente con ale­gría ver­da­dera y con una luz en los ojos al decir que Jesús la ayudó a dejar la cer­veza. Ahora siem­pre tra­ta­mos de estar cerca a ella pues pre­cisa mucho de nues­tra pre­sen­cia al igual que ahora se la confió a sus ora­cio­nes.

Para todos y cada uno de uste­des un fuerte abrazo, man­tén­ganse siem­pre en la espe­ranza de que siem­pre, ¡siem­pre des­pués de la lluvia sale el sol!

Mayra



Volver