• 30 de abril de 2011
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Testimonio de fin de misión de Aldo en Ecuador Abril 2011

Aldo y su comunidad con los niños en Punto Corazón de Ecuador

Después de su misión en el Punto Corazón San Jerónimo Emiliani en Ecuador, Aldo nos comparte su experiencia:

El tiempo pasa volando. Ya llevo más de 13 meses aquí en el Punto Cora­zón y siento que he cam­biado mucho, pero al reen­con­trarme con mi fami­lia hace unos pocos días – debido a la muerte de mi abuelo Antero – me impac­ta­ron las pala­bras de un tío mío que al verme me dijo:«cuén­tame cómo te ha ido? Porque has cam­biado, tu mirada ha cam­biado, es una mirada dife­rente.» Yo creo que todo mi ser ha cam­biado y lo seguirá haciendo, sigo siendo el mismo pobre peca­dor pero uno que sabe que nece­sita y clama por Su Gracia y la com­pa­ñía que le ayuda a cami­nar.

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Aldo con las señoras de la Escuela de Comunidad

A la luz de esto he deci­dido exten­der por 6 meses más mi misión, pero ésta ya no sería aquí en Gua­ya­quil sino en Sal­va­dor de Bahía – Brasil, en un lugar lla­mado Fazenda do Natal. Este lugar es un pue­blito total­mente Puntos Cora­zón, donde viven actual­mente 2 sacer­do­tes, 3 reli­gio­sas, 5 pare­jas de matri­mo­nio en misión, con­sa­gra­dos, amigos de los niños y varios amigos que debido a su sole­dad y con­di­ción física o mental han sido aco­gi­dos aquí y viven con noso­tros. Para mí esto será un tiempo de dis­cer­ni­miento más pro­fundo acerca de lo que Dios quiere de mí, estoy muy alegre de poder com­par­tir esta gran expe­rien­cia con todos uste­des. Mi par­tida hacia Brasil será el 15 de Abril.
Ahora en esta carta qui­siera con­tar­les acerca de uno de los apos­to­la­dos exter­nos que rea­li­za­mos en nues­tro Punto Cora­zón, (...) este apos­to­lado con­siste en ir a visi­tar a los pacien­tes del Hos­pi­tal Psi­quiá­trico Lorenzo Ponce, el cual visi­ta­mos todos los jueves de las 3pm a las 6pm. Visi­ta­mos dos salas, una de varo­nes y otra de muje­res, en ambas se encuen­tran los pacien­tes de mayor edad del hos­pi­tal que prác­ti­ca­mente resi­den ahí.

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Comunidad Puntos Corazón de Ecuador, Marzo 2011

Ahora ya son varios meses que veni­mos visi­tando este Hos­pi­tal Psi­quiá­trico. Se pre­gun­ta­rán porque se lo cuento ahora si es algo que ha pasado hace meses. Bueno lo hago pues durante este tiempo me he venido pre­gun­tando: ¿Qué es el Hombre? ¿Por qué tanto dolor? ¿Dónde está su dig­ni­dad? Nues­tros amigos del Lorenzo Ponce de muchas formas están ausen­tes de la rea­li­dad, muchos no tienen con­cien­cia de lo que pasa… pero ¿eso los hace menos hom­bres? Ante estas pre­gun­tas me que­daba inde­fenso, pero durante una escuela de comu­ni­dad rea­li­zada en nues­tro Punto encon­tré este texto:

“El sufri­miento puede pare­cer un fenó­meno sin sor­pre­sas. Sabe­mos de la exis­ten­cia de los hos­pi­ta­les, de los orfa­na­tos, de los campos de con­cen­tra­ción... Sabe­mos de todo el capi­tal de lágri­mas acu­mu­lado en esos luga­res. Eso ya puede pare­cer­nos mons­truoso. Peor aún, es des­cu­brir que el sufri­miento no es una tota­li­dad brutal, anó­nima, imper­so­nal, sino que hiere un cora­zón, que des­fi­gura un rostro.
Como no hay peca­dos abs­trac­tos, tam­poco hay sufri­mien­tos abs­trac­tos. El sufri­miento es siem­pre el sufri­miento de una carne, de un cora­zón, de una inte­li­gen­cia…porque nadie escapa de la gran ley del sufri­miento, porque hasta los que pare­cen tener una vida feliz, cono­cen, sin lugar a dudas, su patri­mo­nio de dolo­res ínti­mos.”

P. Thierry de Roucy

Es así que encon­tré un mayor sen­tido a lo que vivía en el Lorenzo Ponce ante nues­tros amigos: Nadia quien se encuen­tra pos­trada en una cama desde hace muchos años y sufre de una enfer­me­dad que le des­cal­ci­fica los huesos, hacién­dola de cris­tal – muy deli­cada; cuando me recibe siem­pre me regala una gran son­risa y me con­versa, mucho pre­gunta por mis demás her­ma­nos de comu­ni­dad y cuando oye música se pone a bailar moviendo las manos, es muy linda. Guillo, tiene 17 años, nunca ha estado cons­ciente pues nació con muerte cere­bral, al estar a su lado com­par­tiendo con él un largo rato y con­tem­plarlo veo el rostro de Jesús, su paz en medio de su dolor, de su ino­cen­cia.

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Despedida con los Niños

Chris­tian de 16 años quien se auto-lacera y es muy vio­lento, quien un día me sor­pren­dió cuando uno de sus com­pa­ñe­ros - que es tullido del brazo y pierna dere­cha – se le acerca y con señas le pide ayuda para ajus­tarse el cin­tu­rón, Chris­tian se da cuenta, se acerca, lo ayuda y al ter­mi­nar se dan la mano con una gran son­risa. Todo esto me mues­tra que en un lugar donde uno piensa que no puede encon­trar algo de humano, donde la dig­ni­dad parece tan gol­peada, se vuelve el lugar donde uno encuen­tra maes­tros y gestos de ver­da­dera huma­ni­dad.
En Jesús y María.

Aldo

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