• 27 de octubre de 2011
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Testimonio de fin de misión de Ingrid en Brasil, Octubre 2011

despedida de Ingrid, antes de partir a Brasil

Después de su misión en Argentina, Ingrid nos comparte su experiencia en La Fazenda Do Natal, Brasil:

Otro día a la semana voy al punto cora­zón de aquí y vamos de apos­to­lado a un orfa­nato. Me gusta mucho este tiempo con los niños, ellos nece­si­tan mucho de nues­tras aten­cio­nes. Es fácil ayu­dar­los ya que ellos están feli­ces tan solo con que los mire­mos con aten­ción, con que les demos un poco de cariño.
La pri­mera vez que fui tuve una gran impre­sión ya que nunca vi niños en esas con­di­cio­nes, tan des­cui­da­dos y con tanta sed de amor. Entre ellos hubo uno que me llamó la aten­ción porque era muy pequeño y tenía una bolsa de plás­tico en la mano. Me dije­ron que se debía a que él se chupa el dedo y por eso se había hecho heri­das en la mano, como yo vi la bolsa muy sucia y con agua decidí sacár­sela para lim­piarla, pero cuando empecé a sacár­sela él se deses­peró por que­rerse chupar los dedos y como no lo dejaba empezó a gritar y patearme. Yo no sabía qué hacer y lo cargué e inme­dia­ta­mente se calmó y se aco­modó como para que lo aca­ri­cie. Yo sentía que car­gaba un bebe, él tiene 3 años, pero es bas­tante fla­quito. Quedé sor­pren­dida de cómo estos peque­ños tan lindos nece­si­tan tanto amor, así me quedé un momento con él, no mucho porque los demás niños tam­bién requie­ren de nues­tras aten­cio­nes, por lo menos esa tarde él no se chupó más el dedo porque no quiso soltar más mi mano. La segunda vez que fui, cuando me vieron llegar uno de ellos empezó a gritar: ¡ella me quiere! ¡Ella me quiere! Sé que son pala­bras sim­ples y hasta quizás tontas pero yo estuve feliz de escu­char­las ya que real­mente tiene toda la razón,me gusta mucho estar con ellos y que ellos lo sepan es mi recom­pensa, además claro de todos los abra­zos, besos y dibu­jos que me dan.
Hace poco empe­zaba a leer un libro y tenía esta pequeña ora­ción que me gustó mucho: “Señor dame un cora­zón de niño y el tre­mendo coraje para vivirlo inte­gral­mente”.
Por ahora estoy muy feliz con mis días en la fazenda, valoro mucho el tiempo que puedo tener para la ora­ción, el cono­cer a per­so­nas que viven con pro­fun­di­dad y ver­da­dera ale­gría sus vidas. Tam­bién estoy felíz con las tareas sim­ples que hago, en lo coti­diano nunca dedi­qué mucho de mi tiempo para estas peque­ñas tareas ya que siem­pre me dedi­qué a estu­diar y des­pués tra­ba­jar en mi carrera y no le puse ningún valor a estos “pe­que­ños” tra­ba­jos, así que ahora aprendí dos cosas, estos tra­ba­jos “pe­que­ños” no tienen nada de peque­ños, ni de sim­ples y lo más impor­tante es que no es en sí mismo el rea­li­zar tal o cual tra­bajo lo que me puede hacer más felíz sino el ponerle un valor a estos.
Sepan que los tengo pre­sen­tes y estoy feliz de pronto vol­ver­los a ver.
Ben­di­cio­nes y un gran abrazo.

Ingrid


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