• 4 de mayo de 2013
es

Ver su rostro lleno de felicidad fue nuestro regalo.

Roxana con sus nietos

por Lesly, misionera en Agentina

Estos últimos meses son un regalo, si vuelvo a pensar en lo vivido, veo claramente que durante la misión hay personas que se han sellando en mi corazón, nombres, rostros; que me vuelven más humana, más amiga, más madre, que me han despertado profundamente al darme.

Quiero hablarles de Roxana, ella es una de nuestras grandes amigas, una madre para todos nosotros. Cuando la visité por primera vez me contó como conoció el Punto y me habló de todos los misioneros que pasaron por su casa, que fueron sus amigos que la acompañaron y que aún le escriben. Ella como todos nuestros amigos nos recibe con un mate bien caliente y nos busca un lugar donde podamos sentarnos.

Nuestra amistad se hizo más grande luego de pedirle que nos ayude en el campamento de niños, durante esos días entre organización y dedicación, nos contó muchas cosas que me hicieron mirarla con admiración. Durante su adolescencia se dio cuenta que con quien vivía no era su mamá y comenzó su búsqueda y eso la llevó a descubrir que fue su papá quien la alejó de su madre, que cuando tuvo un nuevo compromiso la entregó a otra familia.

Ella sin odiarlo se fue vivir con él y su nueva familia y se quedó poco tiempo luego se independizó, conoció al papá de sus hijos y se quedó con é,l que es buen hombre gracias a Dios. Lo difícil fue cuando sus hijos crecieron, porque cada uno tuvo su propia historia. Pero por más difícil que sea, ella estaba ahí de pie, firme, para decirles eso está mal, deja eso!, no se cansa hasta hoy, cada día. Uno consume drogas, otra no quiere dejar al hombre que la golpea y que sigue teniendo hijos con él. También hay dos de ellos que sí trabajan y ayudan como pueden. Ella y su esposo, cuidan a sus nietos mientras sus mamás salen a trabajar.

Aún con esto, ella se maravilla de las pequeñas cosas lindas de la vida, nos contaba un día que lo que más le gusta es la naturaleza, las plantas, el río, el mar, por eso le regalamos plantitas y le propusimos ir con nosotros al campamento porque había una piscina, me encantó verla dar volantines dentro del agua, estaba tan emocionada, como una niña.

Disfrutó cada momento, lo tomo único, y con cada uno fue una madre, con nosotros, con los niños; desde su atención, como su dedicación en lo que hacía. Hasta cuando descubrimos que no funcionaba la cocina ella se las arregló para hacer algo que funcione.

Hace unos días cumplió 50 años, así que nosotros sus otros hijos, le organizamos una cena en casa con toda su familia, dándole gracias también a Dios por su vida y fortaleza.

Es increíble que personas como ella guarden en su corazón tal nobleza de espíritu y tal fuerza cuando enfrenten otras situaciones, ver su rostro lleno de felicidad con ganas hasta de bailar fue nuestro regalo.


Volver