• 25 de noviembre de 2013
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Yo soy tu abuelita Catracha.

Visita al asilo para ancianos y discapacitados

por Aracelli, misionera en Honduras.

Doña Beatriz, es una de las mujeres que conocí en el Asilo para discapacitados y ancianos – San Felipe. Es una bella anciana que me enseña la importancia de vivir cada día con intensidad.

Recuerdo claramente el encuentro que tuvimos hace unas semanas. Mientras caminaba por el pasillo del Asilo, la ví en su silla de ruedas, me acerqué y me senté en el piso para conversar con ella. Empezó a contarme sobre su vida, familia y cómo era Honduras. Fue asi que en medio de la conversación y con un gran abrazo me dijo: “Yo soy tu abuelita catracha” . Esas palabras parecían la poesía más dulce y la canción más bella.

Pues ella no sabía que mis dos abuelitas murieron hace varios años y que nunca pude conversar con ellas como lo hago con “Mi abuelita catracha”. Creo que Dios sabe exactamente que vidas cruzar entre sí.

Después, de una larga conversación entre risas y abrazos le dije que tenía que irme y ella me dijo: “Aracelli; por tí voy a hacer algo que no hago hace mucho tiempo”. Sinceramente, no sabía qué iba a suceder. Sin embargo, no sé por qué solo agache la cabeza y le dije: “ Gracias” ella levantó su mano, me persignó, mientras decía: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Que Dios te cuide y te bendiga mi nieta catracha”.

No pude evitar las lagrimas en mis ojos y la sensación de una gran nudo en la garganta (pues, ella hace algunos años se convirtió en evangélica). En el camino a casa sentía tanta felicidad y agradecimiento con Dios; todo lo que veía en la calle era perfecto, como escuché en una canción: “Que todo es hermoso y no cuesta nada”.


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