• 3 de febrero de 2009
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O mi gran amigo Vittorio que cada domingo me recibía con una sonrisa y un fuerte abrazo y me decía «ommi», cuando lo veníamos a buscar para ir a misa. O a mis queridas abuelitas del asilo Villa Russo como María que cada vez que entraba a su cuarto me decía «figlia mia» (hija mía) o a nuestra recordada Vicenza que siempre nos decía «ciao giogiello». Todas estas son simplemente expresiones de amor, pequeños gestos que se quedan gravados en mi corazón y solo me hacen darme cuenta que cuando uno encuentra verdaderamente una persona, un amigo, lo encuentra para toda la vida; porque para mí dejaron de ser las pobres abuelitas o las personas que iba a visitar, sino que viví simplemente con y como ellos compartiendo nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestras preocupaciones, nuestros deseos.

Son tantas personas que de una u otra manera se quedan conmigo para toda la vida, creo que la lista es muy grande como dice la frase de Pedro Casaldaliga: «Al final del camino se me pedirá: ¿has vivido? ¿has amado? Y sin decir una palabra abriré mi corazón... lleno de nombres.» Así es como al final termino mi misión, todo queda grabado en mis ojos, cada persona, cada lugar conocido, cada cosa vivida. A lo mejor está carta parece una lista de cosas que he aprendido o mejor dicho que he vivido, pero solo les puedo decir como se les dije en una anterior carta, es que Puntos-Corazón es para mí una gran escuela, en donde sobre todo se aprende a Amar, primero a uno mismo con todo lo que es y segundo a amar cada cosa que vivo y cada persona que encuentro.

Ahora sólo puedo pedir a Cristo que me ayude a no olvidarme porque sé que ahora más que nunca es cuando empieza mi misión con mi vida, mis amigos, mi familia, mi trabajo. […] Lo que he vivido no es un paréntesis en mi vida, como algo que inicia y termina, sino que justo me ha ayudado a revalorizar todo lo que ya tenía en Lima y que todo lo que he vivido se queda conmigo para toda mi vida y me acompaña en este nuevo inicio.

Rommy



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